lunes, 26 de octubre de 2015

España 1986 – 2016 (Niño Becerra)

Ayer el periódico El País, coincidiendo con el trigésimo aniversario de su suplemento dominical ‘Negocios’, publica un ejemplar especial en el que pasa revista a una serie de temas que han sido protagonistas en estas tres décadas a la vez que analiza hechos importantes acaecidos en estos años. Verdaderamente interesante. Son muchos más, selecciono estos cuatro textos.


Estas páginas me han servido para rebobinar y para centrar la actual realidad. Y a las conclusiones que llego son a las dos que Uds. ya conocen. Por un lado, los actuales males de la economía española son consecuencia de los males que se han ido manifestando a lo largo de la evolución de la historia de España que son resultado de errores y lastres anteriores; es decir y por ejemplo: el problema de la desigualdad en España es el resultado de que, en su conjunto España es un país pobre en recursos, limitado en capacidades, y gestionado con arreglo a filosofías y culturas que no han promovido el crecimiento conjunto, pero también a hechos concretos que han hipotecado parte del futuro de la evolución de España y de su economía. Así, las limitaciones de la agricultura en España siguen una línea que nace de la política de defensa a ultranza de la Mesta por encima de todo llevada a cabo por los Reyes Católicos, sigue con la administración señorial del campo habida en España hasta los años 70, y acaba en la falta de capital para abordar procesos de mejora y organización: siendo España un país agrario y seco en su mayor parte ¿por qué es Israel líder mundial desde hace décadas en sistemas de riego y no lo es España?. Piensen en la minería, en la industria, en el turismo. Salvo excepciones excepcionales es una dinámica que se mantiene y perpetúa.
Por otro, lo anterior ha pergeñado, diseñado, dibujado, un modelo político-económico-social limitado, encorsetado, hermético a la evolución en el que tan sólo ciertas zonas y ciertas actividades han escapado a esas limitaciones; y también aquí la cosa viene de atrás. Cuando los terratenientes andaluces invertían las ganancias de sus campos en deuda pública en vez de mejorar los rendimientos de sus tierras, cuando los textiles catalanes enviaban espías al Reino Unido a copias procesos industriales, cuando se cerraban los caminos a inventos españoles como el autogiro, o cuando obreros y campesinos españoles parecían por su aspecto sacados de estampas decimonónicas en pleno siglo XX, se estaba reforzando y abonando la estructura productiva que ha caracterizado la economía española en los últimos cincuenta años y que desgraciadamente la sigue definiendo: una baja productividad por persona ocupada, una competitividad sustentada en la precariedad laboral, una baja tasa de actividad, unas rentas salariales medias insuficientes que fueron sustituidas por la facilitación del acceso al crédito, un nivel de fraude fiscal que más que duplica al de países de nuestro entorno, un crecimiento sesgado, un tejido empresarial prácticamente carente de compañías suficientemente grandes para crear economías de escala y sinergias.
Entre 1975 y el 2007 España mejoró, pero fue una mejora dependiente y en la que España siempre fue seguidora, nunca líder: respecto a los dos hitos recientes, a España le metieron en la CEE a fin de que la inversión extranjera pudiera venir libremente y la metieron en el euro para que el excedente de dinero existente en Europa pudiera venir  España a hacer negocios. ¿Los beneficios para la ciudadanía española de la entrada en la CEE y en el euro? Discontinuos, temporales, fraccionados y algunos muy desaprovechados, como los fondos recibidos por España de la UE. En estos últimos treinta años, nunca la tasa de pobreza ni la tasa arope han sido tan elevadas como lo son hoy; se dirá que es ‘por la crisis’, pero es que antes de la crisis España ya se hallaba a la cabeza de Europa en ambas. El pasado Martes el Presidente de la República Francesa dijo que la tasa de desempleo que afecta a la economía francesa, el 10,5%, era ‘insoportable’. ¿Qué cabe decir de la de España?.
¿Soluciones a esta realidad? Pienso que no las hay. España es hoy lo que es porque desde el siglo V ha sido lo que ha sido, sobre todo desde el XVI. Si en la época de los Estados España ocupaba en la Historia el lugar que ocupaba y su economía era sólo capaz de estar donde estaba, ¿qué futuro espera a España ahora que el planeta se encuentra en la era de la postglobalización, de los clusters, de la colaboración competitiva, de la inversión tecnológica permanente, de la productividad creciente, de la individualidad grupal? Pues pienso que uno muy triste.
Ya lo hemos comentado: como Estado España tuvo su oportunidad en el siglo XVI y no la aprovechó porque no pudo en base a cómo había sido su pasado anterior; lo que sucede es que en la Historia los trenes de las oportunidades pasan una sola vez. Ahora está llegando la era de las corporaciones, de las áreas con potencia y de los profesionales necesarios. Veremos como evoluciona en ella lo que aún se continúa denominando España.
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

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