Aquí tenemos un gráfico que muestra claramente cómo está distribuida la riqueza en el mundo, que se divide entre los ultra-super-ricos, los súper ricos, los ricos, y todos los demás. Es de Credit Suisse y muestra cómo los 32 millones de personas, que representan el 0,7% de la población de todo el mundo, poseen 98700 mil millones dólares, o aproximadamente el 41% de la riqueza del mundo.
En la base de la pirámide vemos que 3.207 millones de personas, que representan el 68,7% de la población del mundo, controlan sólo el 3% de la riqueza mundial, o alrededor de 7,3 billones de dólares.
¿Por qué hoy en particular? Porque hoy es 9 de octubre, y dos de los puntos de giro más importantes en la última década se produjeron tal día como hoy: el primero fue el inicio del mercado alcista 2002-2007, que tuvo lugar el 9 de octubre de 2002, señala Mark Hulbert de MarketWatch. El segundo fue el final de ese mercado alcista, en 2007.
"Así que si usted cree en la numerología, hoy es un día fatídico. Pero eso no es todo los que están vigilando los amantes de las estadísticas: también están en alerta máxima ante un posible cambio de tendencia en cualquier momento de este mes. Esto se debe a que octubre tiene la reputación de ser uno de los meses que produce más cambios de tendencia mayor.
Como muestra Stock Traders Almanac, octubre es conocido como un "mes gafe", así como un "asesino de osos. La razón de su antigua reputación, según el Almanaque, se debe al crash de 1929, el desplome de 1987, la caída de 554 puntos del 27 de octubre de 1997, las masacres en 1978 y 1979, el viernes 13 de 1989, y la crisis en 2008.
Pero al mismo tiempo, octubre es conocido como el "asesino del oso" porque los 11 mercados bajistas después de la Segunda Guerra Mundial terminaron en ese mes.
Pero ¿hay alguna base estadística para pensar que octubre, o el 9 de octubre en particular, es más trascendente que cualquier otro día o mes?
No. Y vale la pena revisar por qué.
Consideremos en primer lugar las posibilidades de que se produzcan dos importantes cambios de tendencia el mismo día. Aunque las probabilidades parecen ser increíblemente pequeñas, de hecho, no es raro en absoluto.
Para una analogía no bursátil, considere la llamada "paradoja del cumpleaños": ¿Cuánta gente debe haber en una habitación antes de que haya una probabilidad superior al 50% de que dos de ellos cumplan años el mismo mes y día del año?
La respuesta, aunque no lo crean, es sólo 23.
Y porque ya ha habido 69 grandes cambios de tendencia desde el año 1900, de acuerdo con las definiciones de los mercados alcistas/bajistas empleadas por Ned Davis Research, no debería ser una sorpresa que dos de ellos ocurrieran el mismo día. De hecho, debería haber más coincidencias.
Y, por supuesto, hay tres más. Además del 9 de octubre, para aquellos de ustedes que siguen interesados en la dimensión numerológica del mercado de valores, tenemos el 5 de enero, el 28 de abril y el 21 de septiembre.
Desde este punto de vista histórico, por lo tanto, el 9 de octubre no parece ser tan especial.
Consideremos ahora la noción de que octubre experimenta un número superior a la media de cambios de tendencia. De los 69 principales cambios de tendencia desde 1900 en la lista de Ned Davis, nueve se produjeron en octubre. A pesar de que es más alto que el promedio mensual de 5,75, la lectura octubre no es estadísticamente significativa, ni única. Hay otros dos meses en los que también tenemos nueve cambios de tendencia cada uno, y uno más en el que se produjeron ocho cambios de tendencia.
Que esto sea una lección para todos nosotros: A nuestras mentes les encanta encontrar patrones, incluso cuando no existe ninguno.
Sin duda alguna, el mes de octubre es de gran trascendencia - y promete serlo aún más en el próximo par de semanas. Pero eso no tiene nada que ver con que sea octubre. Después de todo, hay un cierre del Gobierno en Estados Unidos y una posibilidad de default de sus bonos, por nombrar sólo algunas cosas que están sucediendo ahora mismo en el mundo. Esas serían razones suficientes para pensar que el mercado puede caer, ¿por qué recurrir a la superstición para explicarlos?"
Los inversores que finalmente se arrojaron de valor para entrar en
los Mercados Emergentes habrán quedado bastante decepcionados por la
rentabilidad obtenida a lo largo del año pasado. Los analistas
prometían que era una buena inversión porque las partes más pobres del
mundo, como China e India, se pondrían rápidamente al día con la
riqueza de Occidente, y que los inversores podrían beneficiarse de esa
transformación, aunque con un viaje lleno de baches en el camino.
Los osados inversores que compraron bolsa de Mercados Emergentes hace un año no han conseguido premio a su valor.
Sin embargo, si analizamos estos volátiles mercados mediante el
prisma de unos indicadores clave, parece que estas bolsas están
excepcionalmente baratas y por lo tanto deberían ofrecer una alta
rentabilidad a los ahorradores que estén dispuestos a invertir durante
10 o 20 años.
Colm D' Olier, un gestor de fondos de mercados emergentes de
M&G, ha destacado en The Telegraph que en estos momentos los
mercados emergentes están en su nivel más barato respecto a los
mercados desarrollados desde 2005.
El índice de mercados emergentes, que repuntó con fuerza después de
la caída de la bolsa de 2008, se ha perdido el mercado alcista de 2013.
Los signos de una recuperación en las economías occidentales,
gracias a los colosales estímulos de los bancos centrales, han
impulsado las acciones en los principales mercados mundiales en el
último año (+15% Londres +21% Wall Street).
Pero la historia ha sido muy diferente en la India y China, donde
los inversores no han ganado nada este año (ver tabla de abajo).
El dinero ha vuelto a entrar en los mercados más estables. Pero el
verdadero lastre ha sido la próxima retirada de los estímulos de la
Reserva Federal, y el resultado será una sequía del flujo de crédito
barato.
Los países que más dependen de las inversiones extranjeras - entre
ellos Turquía, India, Sudáfrica y Brasil - fueron los más afectados.
Sus mercados de valores y divisas se desplomaron. Hemos visto una
pequeña recuperación cuando la Reserva Federal dijo el mes pasado, que
retrasaría el inicio de las retiradas de estímulos.
Pero los inversionistas más inteligentes tienen que ignorar las
modas y fiebres de corto plazo y ver si las bolsas de estas regiones
están o no realmente baratas.
Una medida clave para saberlo es comparando el precio de un mercado
de valores frente a su valor en libros - el valor de los activos menos
las deudas. Cuanto menor sea la cifra, más barato es el mercado de
valores.
JP Morgan publicó recientemente un artículo que sugería que cuando
la relación precio- valor contable es inferior a 1,5 los inversores
deben comprar agresivamente.
Como muestra el gráfico adjunto, esto ha ocurrido sólo un puñado de
veces en las últimas dos décadas, y por lo general en momentos de
crisis, como la crisis de la deuda asiática de 1998. Esta relación se
encuentra ahora en una lectura atractiva de 1,44, que se compara con el
1,9 de los mercados desarrollados.
Cabe destacar que aunque las noticias no son buenas, no es probable
que se desencadene una crisis. Sin embargo, las valoraciones se
encuentran en niveles de crisis.
Otra forma de medir los mercados es comparar los precios con los
beneficios, un ratio llamado PER. La media PER de los mercados
emergentes se encuentra en torno a 10 frente a 14 de los mercados
desarrollados, con base a los beneficios del próximo año.
En el Lejano Oriente, Filipinas e Indonesia han mostrado un buen
comportamiento gracias a su joven población y su gran riqueza de
recursos naturales. Aunque estos mercados han caído recientemente,
Olier todavía cree que están demasiado caros. Prefiere Sudáfrica y
China.
La inversión en estos mercados parece atractiva pero hay que
mantener la cautela. Una cartera con un horizonte de inversión de 20
años debe invertir entre un 5-8 por ciento en los mercados emergentes.
Si ya se dispone de fondos globales, puede que ya tenga exposición a
esas regiones y por lo tanto deben andar con cuidado para evitar nuevas
asignaciones que son innecesarias.
¿Dónde invertir? Esta es una de esas ocasiones en las que no hay
que centrarse en las bolsas con un mejor momentum, sino más bien en los
mercados que han caído más, buscando aquellos que están más expuestos a
una recuperación económica.
Valor de las acciones en los Mercados Emergentes y UK, EEUU y Alemania
Este fin de semana comentaba en una cena con otros analistas la
problemática que existe en EE.UU. con los créditos estudiantiles, que
según muchos especialistas, es la próxima burbuja a estallar. De este
tema inicial, pasamos a discutir sobre las últimas burbujas
financieras, y a criticar la masiva contribución de los mercados a
estos procesos tan dañinos. Y es ahí donde disiento.
En mi opinión, las burbujas financieras, al menos en algún caso, no
se crean por la intervención generalizada y decisiva de los
participantes en un mercado actuando con una homogénea irracionalidad,
sino por el efecto que unos pocos con gran poder de compra, producen de
forma interesada en el precio de algunos activos.
La diferencia de las dos posturas es creer que la irracionalidad del
inversor crea las burbujas, o que por el contrario, están creadas de
forma muy racional e interesada, por un pequeño grupo de inversores
cualificados, y que una vez ya desarrolladas, es la gran generalidad la
que interviene, y la que normalmente sale perjudicada.
Quizás no haya habido en la historia
una burbuja más famosa que la de los Tulipanes en Holanda a mediados
del siglo XVII. Son muchos los estudios sobre las causas de esta
burbuja, y en la mayoría de ellos hay cierta sintonía en que no todo el
mercado se comportó con irracionalidad. De hecho, parece que fueron
sólo unos pocos los causantes de esta subida de precios en los
tulipanes.
Los analistas de The Economist hablan
en un reciente artículo sobre este hecho. Señalan que en 1630, un
marinero fue arrojado a una cárcel holandesa por comer lo que él creía
una cebolla, y que resultó ser un bulbo de tulipán. El coste de la gula
del marinero era equivalente al coste de la alimentación de toda la
tripulación durante doce meses.
Esta historia probablemente no sea
cierta, ninguna persona sensata dejaría algo tan valioso al alcance de
un marinero hambriento. Pero al igual que en la burbuja de los
Tulipanes, en la historia se desdibuja la línea entre la realidad y la
ficción.
The Economist añade: La burbuja de los
tulipanes dio lugar a grandes aumentos en sus precios. A principios de
1637, algunos contratos de tulipán llegaron a cotizar a un nivel
alrededor de 20 veces superior al nivel de tres meses antes. Un tulipán
particularmente raro, el Semper Augustus tenía un precio de 1.000
florines en la década de 1620. Justo antes del crash, este tulipán se
valoraba en 5.500 florines por bulbo, más o menos el coste de una casa
de lujo en Ámsterdam. Los precios se precipitaron en 1637, y algunos
inversores se quedaron en bancarrota.
Las fluctuaciones en los precios no
fueran causadas por cambios masivos en los costos de producción.
Tampoco se volvieron particularmente útiles. La mayoría de gente asume
que la “Tulipmanía”, como se la llegó a conocer tras la obra de Charles
Mackay, fue causada por la irracionalidad del mercado financiero.
¿Pero que produjo esta irracionalidad?
Peter Garber culpa al público en general por la subida de precios. Se
calcula que un brote de peste bubónica asoló Ámsterdam en esas fechas,
y provocó que la gente tuviera menos aversión al riesgo. Los habitantes
de la ciudad sabían que cada día podía ser el último, por lo que no
importaba especular un poco.
Pero realmente, los datos muestran que
la mayoría de los inversores actuaron racionalmente. Las fuertes
subidas de precios y el crash posterior, fueron debidas a factores
autónomos, y fruto de escasos operadores informales y amorales. Los
inversores serios no participaron en estos movimientos.
Earl Thompson, ex miembro de UCLA,
calcula que el mercado de los tulipanes fue una respuesta eficaz a las
cambiantes regulaciones financieras, en particular, a la conversión
anticipada del gobierno de los contratos de futuros en contratos de
opciones. Este truco fue ideado por los funcionarios del gobierno,
quienes estaban deseosos de hacer dinero rápido en el comercio del
tulipán.
Lo que sucedió con estos cambios
regulatorios es que los inversores que adquirieron el derecho a comprar
tulipanes ya no estaban obligados a comprarlos. Si el precio del
mercado no era lo suficientemente alto, podían pagar una pequeña multa
y cancelar el contrato. El equilibrio entre riesgo y recompensa en el
mercado fue sesgado masivamente a favor de los inversores. El resultado
fue un enorme e inevitable aumento de los precios de las opciones de
los tulipanes (el precio de las opciones se derrumbó cuando el gobierno
recuperó el sentido común y canceló los contratos). A partir de ese
derrumbe, los precios de los tulipanes se ajustaban según la oferta y
la demanda, y tenían baja volatilidad.
Es fácil decir que las burbujas son
irracionales. Parecen representar una desviación de los precios de los
valores fundamentales y que contradicen la teoría económica básica.
Pero ha habido pocos intentos de entender cómo funciona realmente la
especulación.
Como señalaba al principio del artículo, creo que muchas de las
burbujas financieras que el consenso estima fruto de un comportamiento
irracional de la masa, son debidas a movimientos orquestados y
dirigidos. Lo cual, es una explicación aún más aterradora.
Hace unos días tuve una charla con un alto directivo de una
compañía europea. Hablamos de diversas cosas, nada formal, pero en un
momento este ejecutivo empezó a abordar un tema del que se habla muy
escasamente, jamás en público, siempre en círculos muy restringidos. El
tema en cuestión tiene que ver con los recursos humanos, pero desde una
perspectiva que se halla más allá de lo que el hombre de la calle ha
podido nunca imaginar.
Las empresas, grandes o medianas, a lo largo de los últimos quince
años, han ido contratando personal según las necesidades que tuvieran
sus respectivos departamentos. La grandes y medianas empresas, bien
organizadas, fijaban las remuneraciones de sus empleados en función del
puesto de trabajo que ocupaban, remuneraciones que eran consecuencia de
la valoración que expertos en el tema hubieran realizado de tales
puestos de trabajo.
Eso por lo que respeta a las remuneraciones fijas, porque en muchas
empresas y en diversos niveles, generalmente en los más elevados, se
abría un árbol de bonus que dependía mucho de cada entidad, de las
circunstancias, del sector, de las necesidades de crecimiento de los
beneficios, del humor del consejo, y de mil variables más. El mercado,
las remuneraciones que se pagaban por ahí, influían, pero más como
referencia que como dintel o nivel. Y todo ello en una atmósfera en la
que la economía iba decididamente a más.
Lo anterior fue más o menos así, más o menos en todos los países
con un cierto nivel de desarrollo, y más o menos hasta el 2010, el año
del crash. Pero ahora las cosas están siendo enfocadas de otra manera
muy diferente.
Lo que me comentó este directivo es que las empresas se encuentran
con que los salarios y remuneraciones de la inmensa mayoría de sus
empleados no se corresponden hoy con el mercado, es decir, que hoy en
el mercado de trabajo la oferta para ese puesto está dispuesta a
aceptar una remuneración inferior o muy inferior a la que la empresa
esta pagando a la persona de su plantilla que ahora la ocupa.
Si la persona que ahora la ocupa no cumple las expectativas
laborales y hay en esa compañía unos cuantos puestos de trabajo
ocupados por personas que se hallan en esas circunstancias, y, además,
la empresa tiene problemas o prevé que sus ingresos o beneficios van a
caer, en España, por ejemplo, la Reforma Laboral se lo ha puesto muy
fácil para remediar ese problema de personal; pero, ¿qué puede hacer
una empresa que va bien y qué, además, no quiere prescindir de ningún
miembro de su personal porque todos son eficientes y cumplidores?.
Este directivo me comentó que en su compañía había un número
considerable de puestos de trabajo que actualmente podían ser ocupados
por personas remuneradas un 30% por debajo de lo que se remuneraba a
las que ahora los ocupaban; más aún, me comentó que si ahora su empresa
se vaciase de personal y la totalidad de los puestos de trabajo fuesen
ocupados por personas con igual nivel profesional que los anteriores
empleados, el coste anual de personal caería un 50%.
Este directivo me indicó que las empresas que desde hace años van
bien, que tienen beneficios y que cuentan con una plantilla que
funciona, tienen un grave problema que va a ir a más: tiene un
diferencial de costes que no puede reducir: ni tienen necesidad, ni
justificación, ni quieren prescindir de nadie, pero están pagando a ese
personal un sobreprecio respecto a lo que hoy se paga en el mercado; y
ello tanto si esa empresa quiere aumentar sus beneficios, como si
quisiera obtener un diferencial de costes para ganar competitividad.
¿Qué es lo que quisiera ese directivo? ¿Cuál sería su sueño? Pues
poder adecuar la remuneración de su plantilla a lo que marca el
mercado, sin que el grado de la motivación de su gente, que es
elevadísimo, según me dijo, se resintiese absolutamente en nada.
Este nivel de análisis nos muestra varias cosas. Por un lado que
valor y precio del factor trabajo han dejado de estar vinculados. Hasta
que empezó la tendencia expuesta más arriba, el precio del trabajo
desempeñado en un puesto de trabajo era -debía ser- función del valor
generado en ese puesto, pero eso ha dejado de ser así.
El precio del trabajo generado en un puesto de trabajo ha pasado a
ser función de lo que la oferta de trabajo para ese puesto existente en
el mercado está dispuesta a aceptar para ocuparlo, por lo que a más
ofertantes, en una atmósfera de demanda de trabajo a la baja (partiendo
de la base que tanto demanda como oferta son globales), más reducida
será la remuneración. Por lo que lo que puede esperarse es una
tendencia decreciente en la remuneración de la inmensa mayoría de los
puestos de trabajo de las compañías e instituciones del planeta. Y sí,
de alguna manera es la versión 3.0 del ‘Y yo, ¡por menos!’ de la I
Revolución Industrial.
¿Llegará a ser posible que sea operativo lo que ese directivo me
planteó?. En líneas generales pienso que si. Operativamente es muy
simple. Consistiría en eliminar los convenios colectivos, en pasar a
fijar las condiciones de trabajo por medio de una negociación
individual (con unos mínimos en cuanto a salud laboral), y en implantar
el despido libre y ultrabaratarlo. Lo que no resolvería son los casos
en que una empresa quiera continuar con una/un empleada/o y la persona
no acepte la reducción salarial o que, aceptándola, se desmotive. Pero
quienes piensan en esas cosas ya están empezando a estar en ello.
Este directivo me comentó que el papel de director de recursos
humanos en las empresas se verá potenciado en el futuro. Abandonado en
la mayoría de los casos el recurso a la mejora en la remuneración para
atraer y conservar a buenos elementos humanos y para lograr que su
grado de motivación sea o continúe siendo alto, esos expertos en factor
trabajo tendrán que diseñar estrategias e instrumentos para conseguirlo.
Por este lado pienso que, excepto en el caso de trabajos
superespecíficos y megaconcretos, las cosas será bastante simples: a
medida que en cada nivel de cualificación y para cada cometido la
oferta de trabajo -a nivel planetario- vaya creciendo y la demanda
decreciendo o, en el mejor de los casos, estancándose, los
trabajadores, los posibles trabajadores y los futuros trabajadores
exigirán menos, aceptarán lo que en ese momento se les ofrezca, y se
comprometerán a más. Su alternativa será salir o quedarse fuera,
sabiendo que fuera hay muchas/os esperando poder entrar.
A lo que, en la mayoría de las ocasiones, tendrán que renunciar las
empresas, será a ese feeling que existía con la/el empleada/o y que
tenía un incuestionable valor.
Claro que ni se puede ganar siempre, ni ganarlo todo, ni ganar en todo; ¿o sí?. @sninobecerra Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.