jueves, 7 de marzo de 2013

La ruptura del euro está cada vez más cerca

Creo no tener demasiadas amistades en Bruselas y tras mi reciente entrevista con Bloomberg, es poco probable que mi popularidad haya aumentado. "El euro está condenado", este era el titular de Bloomberg que atrajo la atención de Richard Quest de CNN, así como de otros medios alrededor del mundo. En realidad nunca recibí tantas reacciones a una sola entrevista como me sucedió con ésta. Entre las preguntas de clientes y otros periodistas estaban las siguientes: ¿Es realmente tan grave? ¿Es realmente culpa del euro? ¿Cómo terminará? ¿Cómo me protejo de esto que nos espera? ¿Cuándo sucederá? Sí, creo que la situación de la zona euro es muy grave. Y sí, creo que el origen principal de los problemas es el propio euro. Al haber sido introducido sin ningún fundamento subyacente, el euro es un castillo de arena. No existe una política económica o fiscal en común, la popularidad del proyecto es fluctuante y el impacto del euro sobre la competitividad y productividad relativa ha tenido un efecto devastador para muchos de sus participantes. La base de una moneda común simplemente no existe y tampoco existe la voluntad de abordar las consecuencias de sus distorsiones, tales como la transferencia de pagos a los países en desventaja y los bonos comunes.
 
Grecia ha perdido su capacidad competitiva, mientras que Alemania se ha beneficiado enormemente. Este tipo de desequilibrio se constata generalmente dentro de los estados-naciones, en donde algunas zonas son más exitosas mientras que otras tienen más dificultades. Pero dentro de un estado-nación, el movimiento de la mano de obra desde una zona de desventaja, con poco trabajo, a una zona próspera con muchas oportunidades es mucho más simple y la voluntad de apoyar a la zona más pobre es significativa por la solidaridad nacional.
Esa solidaridad y flexibilidad claramente no existe entre los países miembros de la eurozona, ni tampoco puede esperarse que así sea. Incluso en los mejores momentos, y ni hablar durante una crisis, la principal responsabilidad de un gobierno nacional deben ser sus propios ciudadanos y no otros países distantes que los votantes perciben como despilfarradores de dinero. Por lo tanto, históricamente la única forma de salir de una economía que no es competitiva ha sido la devaluación, lo que es sumamente importante para restaurar el equilibrio de vez en cuando. La devaluación competitiva muchas veces ha sido denunciada por los políticos como injusta y egoísta. Sin embargo, en los hechos, la revaluación y la devaluación son situaciones normales para la mayoría de las monedas, además de ser un mecanismo útil para los mercados. Al eliminar esa posibilidad, la única opción para los miembros de la zona euro es la devaluación interna, una estrategia que es políticamente imposible y dolorosamente innecesaria para las poblaciones afectadas.
Italia es el ejemplo más reciente de esta imposibilidad inherente. La Comisión Europea ha fomentado repetidamente la idea de que el gobierno tecnócrata de Mario Monti fuese respetado y aceptado por los italianos. Pero la primera vez que se enfrentó al juicio público, Monti fue destruido. Y ahora tanto Beppe Grillo como Silvio Berlusconi señalan continuamente que la solución para Italia podría ser abandonar el euro. Y sin duda que tienen razón.
La situación es la misma para Grecia, obviamente, pero también lo es para España, Portugal y finalmente para cualquier otro país cuya competitividad sea inferior a la de Alemania. Incluyendo a Francia, sólo es cuestión de tiempo, a mi parecer.
¿Cuánto tiempo puede durar este proceso, incluso aunque esté garantizado que el resultado será negativo?
Es una pregunta difícil. Está claro que se ha invertido un enorme capital político en el proyecto euro y su fracaso será un gran bochorno para los países y líderes políticos. Por lo tanto, espero que ellos puedan mantener vivo al euro mientras esto sea posible.
La única posibilidad de frenar la locura serán las protestas masivas de los votantes, y eso es exactamente lo que estamos empezando a vislumbrar. En Italia, el rechazo de un delegado de la UE, un parlamento inmanejable. En el Reino Unido, el surgimiento del Partido Independiente del Reino Unido que ahora pretende extenderse a nivel nacional, y sospecho que en poco tiempo también en Alemania, en donde el descontento y la desconfianza con respecto a los socios europeos va en aumento. Y por supuesto, cuando los ciudadanos europeos se rehúsen un día a seguir pagando cuentas (a pesar de los enormes beneficios que Alemania ha experimentado indiscutiblemente como el único país importante dentro de la zona euro) el euro abandonará su formato actual.
El final podría ser un adiós al Club Med, podría ser una ruptura total, podría ser una eurozona a dos o tres velocidades o que Alemania simplemente abandone el escenario, lo que la conduciría a cualquier de los panoramas descritos anteriormente.
Mientras tanto, tendremos que soportar arreglos cortoplacistas, que se presentarán como grandes logros y soluciones, un mayor debilitamiento de la solidez monetaria de la zona euro y retrocesos frecuentes cada vez que la realidad nos golpee. La debilidad actual no es culpa de Berlusconi. Es culpa de que la realidad está siendo encubierta durante unos meses, solo para ser revelada nuevamente cada vez que los votantes (o los mercados) tienen la oportunidad de reaccionar. De hecho, yo creo que deberíamos estar agradecidos de que el efecto Berslusconi haya sacado a luz los desafíos – cuanto antes veamos la realidad, mejor será. Finalmente el euro deberá irse y todo el dinero que se gasta actualmente en acuerdos para “prolongar y disimular” estaría mejor aprovechado si se utilizara para eliminar la divisa en forma bien estructurada y cuidadosamente planificada. Pero seguramente el final no estará bien estructurado sino que será un proceso caótico y destructivo.
¿De qué manera afectará este desastre a nuestras inversiones?
Será muy desagradable, claramente. También llevará a la reducción de personal y a la libertad financiera en Europa, ya que se aplicarán medidas irracionales para tratar de evitar lo inevitable. Por lo tanto, sean muy cuidadosos al confiar en cualquier tipo de ahorro público o vinculado a impuestos o a planes de pensión que retengan su dinero. Seguramente las reglas cambien en su detrimento, dado que se han agotado las opciones financieras para los gobiernos europeos. Tengan cuidado con los bonos públicos. Su valor deberá bajar de forma significativa y probablemente también se reestructurarán en muchos lugares de la zona euro. Tendremos que pagar impuestos aún mayores. Y tendrán que encontrarse chivos expiatorios, por lo que debemos esperar un mayor maltrato hacia los bancos y odio para con los mercados financieros.
Personalmente yo me mudé a Suiza hace tres años, principalmente porque me preocupaba la reacción de la UE frente a las empresas y a los ciudadanos adinerados a medida que avanzaba la crisis. No me he arrepentido ni un instante. Y de hecho las cosas se están moviendo a un ritmo mucho más acelerado en la UE de lo que yo temía en aquel momento. Pero por supuesto, Suiza también está bajo una enorme presión de la UE, que la ve como un oasis de racionalidad en medio de la amenaza que supone el caos. Por lo que mudarse aquí tal vez no sea un movimiento lo suficientemente defensivo en el largo plazo. Mientras tanto, diariamente se unen a mí otros europeos que buscan en Suiza un refugio que, por el momento, todavía existe.
Tristemente, el futuro no parece estar en Europa
Al menos no en el corto plazo. Pero me anima el hecho de que finalmente estamos comenzando a entender la gravedad de la situación. Comprender la realidad es el primer paso para poder aceptarla y abordarla racionalmente. Los ciudadanos europeos ya no están comprando la propaganda de Bruselas, por lo que tal vez haya algo de esperanza.
Pero por supuesto, aunque logremos encarrilar un poco a Europa, aún cargamos con los sistemas de ayuda social inflados y subsidios sociales amorales. En estos tiempos ser europeo no es tarea sencilla.
A finales de este mes publicaré en Dinamarca el libro “Europa: Integración sin Ilusiones” de Vaclav Klaus, presidente checo y un escéptico sobre el euro desde hace mucho tiempo. La versión en lengua danesa incluirá un extenso epílogo escrito por mí en el que trato de mirar el excelente análisis del presidente desde una perspectiva danesa, además de una perspectiva actualizada del mercado financiero. Creo que el libro, que ya está disponible en inglés, propone una mirada excelente sobre las dinámicas que están amenazando los mercados y desmembrando a Europa. Traduciré un par de capítulos para publicar más adelante en este blog – y creo que esto responderá a las preguntas anteriores de forma bastante detallada.

Venezuela, como ejemplo

Los casos como el de Venezuela no abundan, casi es el único en su género.
Antes de Chávez -antes de las elecciones que dieron la presidencia de la república a Hugo Chávez- el pueblo, lo que se entiende por ‘el pueblo’ vivía peor de lo que el pueblo vivió después.
Hasta los enemigos del fallecido presidente de Venezuela admiten que el estándar de vida del pueblo mejoró durante los primeros años de la presidencia del comandante.
La razón radicó en que Chávez y su Gobierno empezaron a hacer cosas que beneficiaban directa y únicamente al pueblo, cosas que Gobiernos anteriores no hicieron (el porqué no las hicieron ahora da igual).
Eran cosas cuyo coste, una a una, era asumible para la economía venezolana, pero imposible de mantener para una economía prácticamente de monoproducto como la venezolana, una economía supermayoritariamente basada en un bien escaso, pero de precio volátil.
El caso es que los ingresos que el Estado venezolano fue obteniendo cada vez daban menos para atender esas cosas que el pueblo de Venezuela precisaba para continuar viviendo mejor de lo que vivía antes de que Hugo Chávez fuera elegido.
Y pasó lo que era obvio que tenía que pasar teniendo en cuenta que a cada día que transcurría el país precisaba importar más de esas cosas: el déficit exterior fue creciendo y la inflación disparándose. A esto hay que añadir un proceso de degradación política: un conflicto entre el pueblo y el no-pueblo que ha ido corroyendo el modelo social venezolano. Corroyendo.
Y aquí estamos hoy: en un escenario político, económico y social corroído.
El corolario de esta historia es simple:
Dejando a un lado colores políticos y eslóganes partidistas, ¿está, en un momento dado, condenado un pueblo a vivir de una determinada manera y ninguna fuerza hay en el mundo capaz de revertir esa situación?.
Antes de Chávez el pueblo venezolano vivía mucho peor que tras su elección, pero la mejora de esa forma de vida ha derivado en una situación no sostenible porque insostenible es esa nueva forma de vida mejor. ¿Es así?.
Ojo con lo que responden porque una respuesta u otra tiene hondas repercusiones. En Venezuela, claro, pero no sólo.
@sninobecerra
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

“Vivimos un ciclo de represión financiera. Los bancos centrales se han cargado las Bolsas y mercados

"Poco a poco salen a la luz los comentarios escondidos en los mejores cenáculos del mundo durante los últimos meses. Lentamente surgen las voces en público de Autoridades y Sabios respecto a la tiranía de los Bancos Centrales y al callejón sin salida al que han metido a los Mercados. Ya se dice en público que vivimos un ciclo de represión financiera y de que los Mercados, las Bolsas han dejado de ser eficientes para convertirse en muñecos de guiñol en manos de los bancos centrales. Marionetas que luego aparecen en las primeras páginas de los periódicos del mundo, en las radios y en las televisiones, como portadores de unas buenas nuevas, unas excelencias que, no existen. Nunca los Mercados estuvieron tan manipulados como ahora, nunca fueron tan ineficientes", me dice el analista jefe de un banco de inversión.
"¿Ejemplos? : El catedrático emérito de Ciencias Económicas y director del Instituto de Política Económica por la Universidad de Colonia Juergen B. Donges ha criticado duramente la política de "represión financiera" del Banco Central Europeo (BCE) al poner techo a los tipos de interés, de la que ha dicho que "se acerca mucho a la financiación de Estados" y supone "dar carta blanca a políticos, bancos e inversores financieros". Por contra, ha valorado el "empujón" dado por el primer ministro británico David Cameron, pese a ser tildado de "antieuropeo" por querer someter a referéndum la permanencia del país en la UE, para hablar de temas como "mejorar la competitividad de Europa, definir la relación monetaria entre los países miembros de la zona euro y los que no", adoptar las decisiones "empezando por el nivel más bajo, más cerca de la ciudadanía" o "reducir la burocracia en Bruselas" donde, según Donges, "hay miles de funcionarios trabajando, que son profesionales y se buscan trabajo, aunque no se les asigne uno, se lo inventan", añade mi interlocutor.
"La Bolsa tradicional lleva enterrada muchos años. Los primeros en enterrar los hábitos, métodos y costumbres ancestrales fueron los anglosajones. Luego, les seguimos el resto del mundo ¿Es la Bolsa un casino? Con frecuencia se parece a una inmensa sala de juego a nivel mundial. Pero ¿qué fue la Bolsa, como la entendimos los más viejos del lugar? Algunas acepciones: La Bolsa de Valores es una organización privada que brinda las facilidades necesarias para que sus miembros, atendiendo los mandatos de sus clientes, introduzcan órdenes y realicen negociaciones de compra y venta de valores, tales como acciones de sociedades o compañías anónimas, bonos públicos y privados, certificados, títulos de participación y una amplia variedad de instrumentos de inversión...Las bolsas de valores fortalecen al mercado de capitales e impulsan el desarrollo económico y financiero en la mayoría de los países del mundo, donde existen en algunos casos desde hace siglos, a partir de la creación de las primeras entidades de este tipo creadas en los primeros años del siglo XVII..."
"La institución Bolsa de Valores, de manera complementaria en la economía de los países, intenta satisfacer tres grandes intereses:
El de la empresa, porque al colocar sus acciones en el mercado y ser adquiridas por el público, obtiene de ésta el financiamiento necesario para cumplir sus fines y generar riqueza.
El de los ahorristas, porque se convierten en inversionistas y en la medida de su participación pueden obtener beneficios por la vía de los dividendos que le reportan sus acciones.
El del Estado porque, también en la Bolsa, dispone de un medio para financiarse y hacer frente al gasto público, así como adelantar nuevas obras y programas de alcance social.
Los participantes en la operación de las bolsas son básicamente los demandantes de capital (empresas, organismos públicos o privados y otras entidades), los oferentes de capital (ahorradores, inversionistas) y los intermediarios...Y muchas cosas más que no tienen que ver con la realidad", me dice uno de los grandes gestores de fondos nacionales.
***
Escribe STEVEN RUSSOLILLO en The Wall Street Journal que el rey de los bonos dice que las acciones están muertas. Bill Gross, cofundador y codirector general de inversión de Pimco, afirmó que quienes invierten en acciones deberían repensar el viejo mantra de inversión "comprar y conservar". Sostiene que los retornos anuales consistentes son cosa del pasado.
"El culto a las acciones está muriendo", escribió Bill Gross en su Perspectiva de Inversión de Agosto. "Como un álamo que solía ser verde que adquiere un tono sutil de amarillo y luego se vuelve rojo en el otoño de Colorado, las impresiones de los inversionistas sobre 'acciones a largo plazo' o cualquier plazo también se han vuelto más tenues".

Gross señala que las acciones han registrado una ganancia promedio anual de 6,6% en base ajustada por inflación desde 1912. Pero califica esa tasa de rendimiento como "anomalía histórica" que no es probable que sea duplicada en el futuro cercano, debido al crecimiento económico que se desacelera en todo el mundo.
Afirma Gross: "El retorno real de 6,6% ocultaba una falla de sentido común como la de una cadena de cartas o sí, una estafa de pirámide Ponzi. Si la riqueza o el PIB real sólo se crearan a una tasa anual de 3,5% durante el mismo período de tiempo, luego de alguna forma los accionistas deben estar quedándose con 3% de cada año. Si el PIB de una economía tan sólo puede brindar 3,5% más de bienes y servicios por año, ¿entonces cómo podría un segmento (accionistas) sacar una ganancia de forma tan consistente a expensa de los otros (prestamistas, trabajadores y gobierno)?".
Gross se pregunta cómo las acciones se pueden seguir apreciando a una tasa anual de 6,6% en esta "nueva" economía "normal", en la que el crecimiento del PIB se mantiene testarudamente bajo.
El PIB de EE.UU. en el segundo trimestre, publicado el viernes, creció a una tasa magra de 1,5%. Esa tasa de crecimiento está bien por debajo de los estándares históricos, y es en parte el motivo por el que la tasa de desempleo se mantiene estancada por encima de 8%.
"La pregunta legítima que deberían contestar los analistas de mercados, los pronosticadores del gobierno y los consultores de pensiones es cómo ese retorno de 6,6% realmente puede ser duplicado en el futuro dadas las condiciones iniciales actuales que históricamente jamás han sido más favorables para las ganancias corporativas", afirma Gross. Agrega que no puede, "a menos que se produzca un milagro de la productividad que se parezca a la magia de Apple".
Además de ser pesimista sobre las acciones, Gross también lo es sobre los bonos. "Lo que está a la vista es todo lo que hay en la mayoría de los casos en el mercado de bonos, así que los inversionistas que siguen tendencias probablemente se desilusionarán si miran la historia del mercado de bonos en los últimos 30 años en busca de salvación futura, en lugar de la mera supervivencia al nivel actual de tasas de interés", señala Gross.
Como los retornos previstos para acciones y bonos son menores, el estadounidense promedio es el gran perdedor en este nuevo panorama de inversión.
"La conclusión de sentido común es clara: si los activos financieros ya no funcionan para usted a una tasa bien por encima de la tasa de verdadera creación de riqueza, entonces debe trabajar más tiempo para ganar su dinero, sufrir una reducción de sus actuales posesiones y beneficios, o ambos", dice Gross.
Nos vemos en Twitter @MoisesssRomero
Moisés Romero

“No me gusta invertir, a mí lo que me gusta es especular”

El pasado fin de semana en una conferencia me comentaba un pequeño inversor:
"No me gusta invertir, a mí lo que me gusta es especular"…cuando le pregunté cuál era la diferencia según él entre invertir y especular, me contestó, “yo invierto hoy para vender mañana, no para vender dentro de un año”.
Este inversor centraba la diferencia entre especulación e inversión en el tiempo de maduración de la operación. Mucho tiempo, inversión, poco tiempo, especulación. Una definición algo simplista, aunque no del todo incorrecta.
Recientemente el CFA Robert Hagstrom realizaba un interesante estudio sobre la diferencia entre “inversión y especulación”, que creo interesante exponer aquí. Hangstrom señala:
¿Cuál es la diferencia entre la inversión y la especulación? Al principio, creo que la respuesta es simple, porque la distinción es obvia - hasta que realmente te pones con pluma y papel y tratas de responder a la pregunta.

Tómese unos segundos y piense en ello. Escriba "inversión". Ahora escriba la definición. Haga lo mismo con "especulación". Si usted es como yo, la frustración se acumula rápidamente porque las respuestas no le vienen rápida y fácilmente a la cabeza, y deberían hacerlo. Después de todo, estos términos han sido parte del léxico financiero desde que José de la Vega escribió “Confusión de Confusiones” en 1688, el libro escrito inversión y sobre el negocio bursátil. En sus famosos diálogos, De la Vega observó tres clases de hombres. Los príncipes de los negocios, llamados "señores financieros", que eran los inversores ricos. Los mercaderes, especuladores ocasionales, eran la segunda clase. La última clase fue llamada los "especuladores persistentes" o los "jugadores".

Desde que la naviera holandesa Vereenigde Oost-Indische se convirtió en la primera compañía en cotizar sus acciones en la Bolsa de Amsterdam, inversores y especuladores han coexistido en el mercado. Durante ese período de tiempo de 400 años, notables analistas han ofrecido sus propias definiciones de inversión y especulación.

Philip Carret, que escribió “El Arte de la especulación” en (1930), creía que el "motivo" era la prueba para determinar la diferencia entre la inversión y la especulación. "El hombre que compró United States Steel a 60$ en 1915, a la espera de vender a un precio mayor para obtener un beneficio, es un especulador. Por otro lado, el caballero que compró American Telephone a menos de 95$ en 1921 para disfrutar de una rentabilidad por dividendo superior al 8%, es un inversor. Carret conectaba el inversor a la economía de la empresa y el especulador al precio. "La especulación", escribió Carret, "puede definirse como la compra o venta de valores o materias primas en expectativa de obtener ganancias por las fluctuaciones de los precios."

Benjamin Graham, junto con David Dodd, intentó una definición precisa de la inversión y la especulación en su trabajo “Análisis de Seguridad” (1934). "Una operación de inversión es aquella que, tras un análisis minucioso, promete seguridad del principal y un rendimiento satisfactorio. Las operaciones que no cumplan estos requisitos son especulativas.
Años más tarde, y ante la evolución de los mercados financieros, Graham se mostró preocupado porque el término “inversor” se estaba aplicando a todo el mundo que participaba en la bolsa de valores. Comentaba en 1949 “el periódico emplea la palabra inversor en todos los casos, ya que es el lenguaje sencillo de Wall Street. Todo el que compre o venda un valor se ha convertido en un inversor, independientemente de lo que compre, o con qué propósito. Muchas de las autoridades niegan que exista alguna diferencia fiable entre los conceptos inversión y especulación. Creemos que este escepticismo es innecesario y perjudicial. Es perjudicial porque da aliento a muchas personas hacia las emociones y los peligros de la especulación del mercado de valores”.
John Maynard Keynes, más conocido como uno de los fundadores de la macroeconomía moderna y probablemente el economista más influyente del siglo 20, era también un experto comprador y vendedor de acciones, bonos, materias primas y divisas. Además de reflexionar acerca de la economía, estaba intrigado con el mercado de valores. Metido dentro de su obra magna, La Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero (1936), hay un capítulo titulado "El estado de las expectativas a largo plazo." Aquí, Keynes fue directo al punto que tratamos, decidiendo apropiarse del término especulación para aquella actividad de prever la psicología del mercado, y el término inversión para la actividad de prever el rendimiento esperado. La mayoría del capítulo tiene menos que ver con la dificultad de definir la inversión y la especulación, y más con la observación de que los límites entre ambos enfoques se han difuminado. Es el mismo punto que trató 75 años después John Bogle en su libro Inversión vs especulación. En este libro Bogle argumenta que para la mayoría de las personas, la inversión y la especulación son ahora indistinguibles.
Toda la actividad del mercado se encuentra localizada en el tiempo. De izquierda a derecha, observamos decisiones de compra-venta en el mercado de valores que se producen en microsegundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años y décadas. Aunque no está claro exactamente donde se encuentra la línea de divisón, en general se acepta que la actividad que ocurre en el lado izquierdo de la continuidad del tiempo es más probable que sea especulación, mientras que la actividad que reside en el lado derecho se cree  inversión. En opinión de Bogle, la inversión significa propiedad a largo plazo, mientras que la especulación es más transacción de corto plazo. Carret estuvo de acuerdo, al escribir: "El tiempo indispensable para el cumplimiento de la adecuación de los precios a los objetivos de valor es un factor de gran peso para el especulador, y no una gran preocupación para el inversor"
La diferencia según sea largo/corto plazo podría ser un punto de partida razonable que nos ayuda a distinguir entre la inversión y la especulación. Pero esta definición es demasiado limitada para comprender la diferencia entre los dos enfoques. El elemento tiempo simplemente no es suficiente. La distinción entre inversión y especulación es más compleja que esto.
Permítanme ser claro: Este no es un intento disimulado de demonizar a la especulación y declarar que la inversión es sacrosanta. La investigación académica demuestra claramente que los beneficios del mercado se optimizan mediante la participación de los inversores y especuladores. Aunque algunos puristas de la inversión pueden votar para la apertura del mercado de valores sólo un día al año, y que ese día todos los compradores y vendedores realicen transacciones comerciales, la falta de liquidez diaria probablemente haría más mal que bien a los mercados de capitales. Por otra parte, a pesar de su connotación negativa, se puede argumentar que algunos tipos de especulación, de hecho, socialmente redimen.
Stout Lynn, profesor distinguido de la Ley General de Sociedades y Empresas en la Escuela de Leyes de Cornell, en “Uncertainty, Dangerous Optimism, and Speculation: An Inquiry into Some Limits of Democratic Governance” argumentó que un especulador proporciona seguridad y liquidez a los agricultores con aversión al riesgo que desean operar con contratos a futuro para vender su trigo al precio de hoy y entregarlo los próximos meses. La especulación favorece que aumente el intercambio beneficioso y la mejora del bienestar para ambas partes de la transacción.
Además de la cobertura de riesgos, Milton Friedman nos dijo que los especuladores practican lo que hoy se llama "arbitraje de la teoría de la información" y deben ser considerados como investigadores de talento que trabajan agresivamente para cerrar la brecha de precio-valor. Carret compartió la misma opinión. Él escribió: "El especulador está en busca de puntos débiles ocultos en el mercado, y actúa antes que el inversor, buscando siempre que los precios de mercado  se sitúen en línea con el valor de la inversión".
Incluso Graham en The Intelligent Investor llegó a aceptar la necesidad de la especulación. “La especulación no es inmoral. Un poco de especulación es necesaria e inevitable”. Pero Graham no tardó en distinguir entre buenos y malos en la especulación. "Hay especulación inteligente, al igual que inversión inteligente. Pero hay muchas maneras en que la especulación puede ser poco inteligente ", escribió Graham.

"La distinción entre inversión y especulación en acciones ordinarias siempre ha sido útil y su desaparición es una causa de preocupación. A menudo hemos dicho que Wall Street, como institución, sería aconsejable que restablezca esta distinción y la destaque en todas sus relaciones con el público. De lo contrario las bolsas de valores puede algún día ser culpadas por las fuertes pérdidas especulativas, y aquellos que las sufran pueden afirmar que no han sido suficientemente advertidos”.
Esto es cierto ahora, como lo fue hace 60 años. Por lo tanto, vamos a empezar. ¿Cuál es la definición de inversión? ¿Cuál es la definición de especulación?

lacartadelabolsa

martes, 5 de marzo de 2013

Lo que no se quiere admitir

Ya no hay nadie que no piense que ‘las cosas están fatal’. También casi todo el mundo (aquí no hay mayoría) tiene claro que ‘esto va a ser largo’. En lo que aún hay minoría es en el número de ciudadanas/os que piensan que hay muchas cosas, muchísimas, que no van a volver.
Una de esas cosas es la demanda de trabajo; otra es el nivel de protección social que se ha tenido; otra más el papel decisorio que el-hombre-de-la-calle ha desempeñado; y otra la enorme oferta de bienes y servicios fabricados y elaborados por una galaxia de empresas entre los que se podía elegir. Son sólo meros ejemplos y, evidentemente, la lista no se halla completa.
Por diversas razones y todas consustanciales al modelo que estábamos utilizando, el objetivo ha sido ocupar a la mayor cantidad de personas posibles haciendo cosas que pudieran venderse a fin de que ingresaran unos salarios que les permitiesen acceder a unas capacidades de endeudamiento con las que pudieran consumir de todo, a la vez que pagaban unos impuestos con los que financiar la atención pública que recibían en forma de salud, educación, pensiones y cosas así; y con ello posibilitar que tuviesen beneficios quienes les ocupaban al vender todas las cosas que aquellos hacían a todas las personas físicas y jurídicas, nacionales o extranjeras que las adquiriesen, beneficios sobre los que pagaban impuestos (tras restar las deducciones); y que eran financiados por unas entidades que hacían de bombas distribuyendo los fondos que posibilitaban el proceso (por lo que cobraban y también pagaban impuestos). Era un modo de hacer que se realimentaba a sí mismo de forma creciente y que permitió que el mundo fuese bien como jamás había ido.
Todo eso acabó, al menos se acabó como lo conocíamos por muchas razones, pero, fundamentalmente, porque ha dejado de ser necesario que las cosas sigan siendo así. Es más complejo, pero es algo parecido (lo es porque fue el inicio) a cuando en los 80s dejó de ser imprescindible el pleno empleo del factor trabajo al revés de lo que había sido en los 60s.
Las cosas que hemos conocido han acabado: se están acabando, porque ahora todo (cada vez más cosas) puede hacerse de otras maneras que posibilitan utilizar menos recursos, lo que supone gastar menos y mirar muchísimo más en qué se van a emplear esos recursos; es decir, no sólo se busca recurrir a procesos productivos más rápidos y eficientes que utilicen cada vez menos acero para fabricar un firulillo, sino que la pregunta previa será -ya está siendo-, ¿son necesarios los firulillos?.
Eso cambia todo el panorama, absolutamente todo, desde lo financiero a lo productivo, y tiene implicaciones en el ámbito social, cultural e incluso político. ¿En qué se manifiesta a nivel de la calle?, pues en que ‘sobran cosas’. Sobra población activa: ¿para qué crecer y ocupar a personas que van a fabricar bienes que no se van a poder vender porque no hay capacidad de endeudamiento para consumir? (suponiendo que quienes fabriquen tengan financiación, claro). Sobran instalaciones públicas: ¿para qué mantener abiertas unas instalaciones deportivas, sanitarias, educativas, si no se pueden financiar porque la recaudación fiscal está cayendo?. …
Lo más evidente sucede en y con el desempleo porque afecta a las personas, a la ciudadanía. En España las entidades financieras, por ejemplo, crearon un modelo bancario de proximidad: muchísimas oficinas con relativamente poco personal para aproximar la entidad al usuario. Cuando tocó vender créditos, el modelo funcionó muy bien porque, además de vender eso, conseguían clientes; pero ahora las cosas ya no funcionan así; a los bancos en España les sobran oficinas a mansalva y personal a tope. ‘Sobran’, ‘les sobran’.
Es la idea de excedente, de reducción, de ir a menos a fin de hallar una dimensión óptima, conveniente, idónea. Y esto va a dejar al margen bastantes cosas. Locales comerciales y oficinas, por ejemplo; pero no sólo.
Bien, pues eso es lo que aún, todavía, no se quiere admitir. (Si, en parte es porque no se puede).
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

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