martes, 25 de noviembre de 2014

Ricos y pobres

(Prácticamente siempre se dice ‘Ricos y pobres’, casi nunca ‘Pobres y ricos’. ¿Por qué?)
La última semana de Octubre fueron publicados dos informes demoledores sobre la pobreza y la desigualdad: el Informe Foessa 2013 (http://www.caritas.es/noticias_tags_noticiaInfo.aspx?Id=6475) y el de Oxfam Interemón (http://www.oxfamintermon.org/es/documentos/13/12/12/crisis-desigualdad-pobreza) (Un resumen introductorio de ambos lo tienen aquí:http://www.economiadigital.es/es/notices/2014/10/los_ultraricos_61341.php).
De pronto el tema de la ‘desigualdad’, de la ‘pobreza’, de la ‘distancia entre ricos y pobres’, pasa a ser sección habitual de periódicos y boletines de noticias; en España la eclosión de estas noticias coincide con la oleada de desahucios habida a partir del 2010. Junto esto proliferan informaciones en relación al creciente despegue de los ricos desde una vertiente exclusiva e inalcanzable, como las aparecidas en El País Negocios del 02.11.2014 en su Págs. 29: ‘Las grandes fortunas se aíslan’, y 30 ‘Ático de Richard Meier en Manhattan’.
Junto a unas historias que hablan de privaciones, de pobreza, de carencias inimaginables, nos enteramos que la última tendencia entre los miembros del 0,1% de la población mundial es tener residencias en islas: San Bartolomé (5,4 M€ una casa de 4 dormitorios), Bermuda (3,16 M), Islas Vírgenes Británicas (2,37 M) … aunque también residir en una ciudad como NYC en un ático dúplex de 40 M$ a orillas del Hudson y con vistas a Manhattan con todos los servicios que se puedan imaginar. Ricos y pobres. ¿Qué está sucediendo?.
El razonamiento es la madre del que sustenta lo apuntado ayer en “La insostenibilidad de las pensiones” (http://lacartadelabolsa.com/leer/articulo/la_insostenibilidad_de_las_pensiones): tras la II GM, en un escenario de Guerra Fría, con una población de a pie bastante ideologizada en los países industrializados (entonces se les denominaba así a los desarrollados), con una producción-de-todo en ascenso por medio de un modelo que necesitaba factor trabajo abundante y en una dinámica en que se encajaban sin demasiados problemas aumentos de precios que rápidamente eran trasladados a los salarios: indiciación, a ‘la clase obrara’ había que darle cosas, por ejemplo un título: el de ‘clase media’, sus jefes (mandos intermedios la mayoría) no debían destacar demasiado, los ricos tenían que adoptar posturas contemporizadoras, y los megarricos sólo aparecían en breves flashes en forma de reportajes gráficos en sus refugios de Cortina D’Ampezzo, la Riviera, Costa Esmeralda, la Côte d’Azur o Acapulco, pero siempre de forma discreta y sin escándalos.
Hoy, tras ‘el fin de aquella Historia’ (Francis Fukuyama: el gran mal entendido) ya no hay Guerra Fría; ni mandos intermedios; el factor trabajo cada vez es menos necesario y dentro de nada la mayoría no será casi necesario, por lo que el consumo será uniforme y de bajo valor porque lo será su precio en una atmósfera de productividad creciente, bajos salarios a la baja y subsidios de subsistencia. Ya no será necesaria una elevada presión fiscal porque ya no hará falta nutrir un decreciente gasto público ni financiar un modelo de protección social en retroceso. La clase media ya no representa nada porque cada vez hay menos en medio, a la vez que bastantes antiguos ricos viven de pasadas glorias y Cortina, masificada, ya no es ni sombra de lo que había sido. Son los megarricos –da igual la forma que adopten– quienen tienen el capital que posibilita que el mundo continúe girando. No aquel mundo contemporizador con su necesaria ‘gentecilla’ sino un mundo nuevo. La desigualdad está creciendo porque ya no es necesario igualar nada; y las carencias aumentan porque ya no es preciso que disminuyan.
Y yo sigo con lo mismo: ¿por qué se habla tanto de lo ricos que son los ricos y tan poco de por qué son y serán pobres los pobres?
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

La verdad sobre el rally de Fin de Año

El mercado de valores ha recobrado impulso después de la importante caída de octubre y los principales índices europeos y estadounidenses se encuentran cerca o en máximos históricos/multianuales. Y la historia sugiere que la situación podría incluso mejorar. En las 20 ocasiones en las que el S&P 500 se ha apuntado ganancias moderadas (entre el 0 y el 15 por ciento) desde principios de año hasta Acción de Gracias (cuarto jueves de noviembre), el S&P ha extendido las subidas en 18 de esas 20 veces, de acuerdo con Jason Goepfert de SentimenTrader. También señala que "cuando cae, por lo general los descensos son muy pequeños, así que cuando nos fijamos en el binomio riesgo/recompensa según la época del año, estamos en un territorio muy, muy positivo."
Curiosamente, si nos fijamos en los años en los que el S&P ha subido un 10 por ciento o más, los resultados son algo más variados. Desde 1950, en los 28 años en los que el S&P subió un 10 por ciento o más desde principios de año a Acción de Gracias, el 68 por ciento de los años fueron positivos, con esos 28 años dando una rentabilidad media del 2,4 por ciento entre Acción de Gracias y Año Nuevo.
"De hecho, hubo una correlación negativa entre la rentabilidad antes y después de Acción de Gracias, lo que sugiere que la presión compradora de principios de año se había agotado tras la festividad", escribió a CNBC.
Parece que los gestores que han tenido un mal resultado antes de Acción de Gracias quieren tomar importantes posiciones alcistas de cara a final de año en un intento de recuperar el retraso del mercado durante la mayor parte del año.
Sin embargo, eso parece ser un argumento a favor de ganancias proporcionales previas y posteriores a Acción de Gracias. El hecho de que un buen comportamiento antes de Acción de Gracias sugiera una rentabilidad más moderada hasta Año Nuevo, parece sugerir que está pasando algo más.
Una explicación es que cuando las acciones han subido considerablemente, superar a un índice de referencia como el S&P se vuelve algo menos importante. Dado que pocos clientes consiguen una rentabilidad anual del 15 por ciento en cualquier entorno de mercado, aferrarse a las ganancias existentes se vuelve más importante que conseguir más rentabilidad.
Si los gestores de carteras tienen grandes rentabilidad hasta diciembre, ¿por qué estropearlo al final del año? La mentalidad reinante es no perder lo conseguido.
Pero detrás del rally de fin de año hay algo más que el perseguir rentabilidades. Las corporaciones y los analistas e inversores de Wall Street tienden a moverse desde el optimismo al pesimismo, y de vuelta al optimismo en un patrón anual casi predecible.
"Las previsiones son optimistas cuando se entra en un nuevo año", señala el estratega jefe de acciones de Canaccord Genuity Tony Dwyer. De hecho, los analistas y estrategas tienden a iniciar el año positivos, y luego "a mitad del año te das cuenta, vaya, maldita sea, mis números son demasiado altos". Entonces, en el momento en que llegue a octubre, noviembre, diciembre, empiezas a pensar, vaya, el año que viene parece que será un año bastante bueno".
Lo mismo es cierto en el lado empresarial. Las empresas siempre quieren creer que lo van a hacer mejor el próximo año.
Entonces, ¿podemos aprovecharnos de estos comportamientos de cara a fin de año?
"Los inversores deben tomar todo esto con un punto de escepticismo", dijo Michael Chadwick, presidente de Connecticut Farmington.
A diferencia de Dwyer, que ha sido siempre (y correctamente) alcista, Chadwick está extremadamente preocupado por las valoraciones del mercado. Eso le da un motivo para no tratar de tomar ventaja de las anomalías del mercado como el llamado rally de fin de año.
"La inversión siempre es acerca de lo que pagó por el activo, y en este momento se trata de un juego muy peligroso de jugar. Estamos en una gran burbuja en este momento, así que es difícil que estas 'reglas de oro' puedan dar resultados".

Fuentes: CNBC

El segundo mercado más sobrecomprado de la historia

Llevamos hablando durante meses de una posible corrección de importancia en los mercados de valores europeos y el de EE.UU. Sin embargo, el Dow Jones está de nuevo en máximos históricos, y las bolsas del viejo continente cerca de máximos anuales. ¿Somos tan malos los analistas como para equivocarnos una y otra vez en nuestras previsiones? No del todo.
John Maynard Keynes dijo en una ocasión: “El mercado puede permanecer irracional más tiempo del que usted puede permanecer solvente”. Esta verdad irrefutable se aplica tanto en las caídas como en las subidas irrefrenables.
¿Pero es la actual subida irracional? Probablemente sí.
Los analistas de J. Lyons Fund Management han elaborado el siguiente gráfico adjunto que recoge la evolución del S&P 500 Composite ajustado a inflación desde 1871 (aunque el selectivo se creó en 1950 los datos anteriores se han elaborado con los precios de las acciones disponibles en el momento) respecto a su línea de regresión, la cual nos valdrá como tendencia de largo plazo en torno a la cual fluctúa el indicador.
Como vemos, excepto en el período que va desde noviembre de 1998 a julio de 2001 en plena burbuja punto com, el mercado de acciones estadounidense no ha estado tan sobrecomprado en su historia. Ni incluso antes de la Gran Depresión.
La primera vez en la historia que el S&P Composite estuvo por encima del 90% de su recta de regresión fue en noviembre de 1998, alcanzando un máximo en diciembre de 1999 con un diferencial del 148%. Actualmente ese gap se encuentra en el 91%. Estos datos son especialmente significativos si los comparamos con agosto de 1929 antes del inicio de la Gran Depresión, donde la diferencia entre acciones y tendencia de largo plazo era del 74%. En todas las ocasiones en la historia que ese diferencial se ha acercado al 90%, incluso sin superarlo, la bolsa estadounidense ha sufrido una caída muy abultada.
El mercado puede seguir subiendo desde los actuales niveles, en 1998 cuando se alcanzó unos niveles de sobrevaloración similar, aún siguió aumentando posiciones por otros 20 meses más. Ahora bien, desde un punto de vista de largo plazo, puedo afirmar que no es el mejor momento para crear una cartera de inversión, porque es muy probable que los rendimientos promedio en los próximos 5-10 años sean insatisfactorios.

lunes, 24 de noviembre de 2014

“Pensiones camino del crash. Proyéctela usted mismo. La Bolsa puede ser una alternativa muy válida.”

"No tenga dudas: las pensiones que vienen no serán las que son y algunos no las conocerán nunca en su estado actual. El Gobierno, sí o sí, ya nos preparó a finales de julio con una medida excepcional, valiente y muy positiva: los mayores de 65 años que obtengan plusvalías con la venta de bienes y las inviertan en productos que complementen sus pensiones no tributarán por dichas ganancias. O lo que es lo mismo,  estarán exentas de impuestos las ganancias patrimoniales o plusvalías que se pongan de manifiesto cuando mayores de 65 vendan cualquier tipo de activo, no solo inmuebles, y materialicen el destino de esa venta en un contrato que les asegure una renta vitalicia. Blanco y en botella. Si usted entra dentro de ese segmento ya sabe que tiene que proyectar y construir usted mismo su pensión complementaria. Si está cerca de esa edad,  más de lo mismo. Si se está lejos, pues, eso, mucha suerte, porque las pensiones y su futuro pintan muy mal en el Mundo Global. En este encuadre, la acertada y adecuada inversión en Bolsa (incluídas las desinversiones) puede ser una de las grandes alternativas. Siempre lo ha sido a medio y largo plazo" me dice el CEO de una importante gestora de fondos.
Respecto a las pensiones, José Luis Martínez Campuzano, Estratega de Citi en España, extraía lo siguiente del último Informe Mensual del Banco de España...
Literalmente...El progresivo envejecimiento de la población, que las proyecciones demográficas disponibles anticipan para la mayoría de los países desarrollados, generará una presión creciente sobre los sistemas de pensiones1. España no es una excepción a este fenómeno y las últimas proyecciones del Instituto Nacional de Estadística (INE) prevén un incremento significativo de la tasa de dependencia en las próximas décadas.
Con el objetivo precisamente de contrarrestar el impacto de estos desarrollos demográficos, en los últimos años se han aprobado distintas reformas del sistema de pensiones en nuestro país.
En concreto, en 2011 se acordó un aumento progresivo de la edad legal de jubilación y del período  considerado para calcular la base reguladora, entre otros aspectos.
Más recientemente, a finales de 2013 se aprobó la reforma que introduce un nuevo índice de revalorización y regula el denominado factor de sostenibilidad2. Según esta reforma, a partir de 2014 la revalorización de las pensiones viene determinada por la evolución de las variables que determinan el balance del Sistema de la Seguridad Social, tales como ingresos, gastos o número de pensiones, sustituyendo al sistema previo, presente desde 1997, en el que la actualización se hacía de acuerdo con la tasa de variación del IPC. Además, a partir de 2019 se vincula automáticamente la pensión inicial al incremento de la esperanza de vida (el llamado factor de sostenibilidad).




El saldo contributivo se ha estimado a partir de las liquidaciones de presupuestos de la Seguridad Social año a año. Por el lado de los ingresos, incluye el total de cotizaciones (efectivas más imputadas), tasas y otros ingresos, ingresos patrimoniales, enajenación de inversiones reales, transferencias de capital y aportaciones para complementos de mínimos.
Por el lado de los gastos, se incluye el gasto en pensiones y prestaciones contributivas (jubilación, otras prestaciones y clases pasivas), gastos de personal, gastos corrientes en bienes y servicios, gastos financieros, inversiones reales y transferencias de capital. Esta definición de ingresos y gastos aproxima uno de los factores que determina el nuevo índice de revalorización. 
Tanto el nuevo índice de revalorización de las pensiones como el factor de sostenibilidad avanzan sustancialmente en el objetivo de lograr la sostenibilidad financiera del Sistema de Seguridad Social, al vincular la revalorización de las pensiones y su importe inicial a los elementos que determinan el equilibrio financiero del sistema y al incremento de la esperanza de vida, respectivamente.
De este modo, se dota al sistema con mecanismos automáticos de ajuste para absorber la materialización de riesgos tanto económicos como demográficos derivados, por ejemplo, del incremento del número de pensiones, asociado al envejecimiento de la población. Además, se adelanta a las generaciones actuales parte del coste asociado a las presiones demográficas, explicitándose la necesidad de vincular las prestaciones del sistema contributivo con los recursos disponibles en cada momento
. La imposición de cláusulas de suelo y techo en el nuevo índice de revalorización garantiza que en el futuro las pensiones no caerán en términos nominales. Por otro lado, al desvincular la revalorización de las pensiones del crecimiento de los precios, el nuevo marco normativo no garantiza siempre el mantenimiento del poder de compra de los ingresos tras la jubilación, de modo que, dependiendo de la evolución de la inflación, la pensión podría verse mermada en términos reales.
En relación con el impacto de la reforma, la última Actualización del Programa de Estabilidad 2014-2017, presentado por el Gobierno español el pasado mes de abril, incluye una estimación de un ahorro de 3,4 puntos porcentuales del PIB en el gasto en pensiones en el año 2050 respecto al escenario sin reforma, de modo que este gasto se mantendría en un nivel similar al observado en el año base en todo el horizonte de proyección.
Dos trabajos recientes [véanse Díaz-Giménez y Díaz-Saavedra (2014) y Sánchez (2014)] ofrecen también los resultados de distintas simulaciones de los efectos de la reforma derivadas de modelos de equilibrio general de generaciones solapadas, calibrados para el caso español. En concreto, se simula la senda del gasto en pensiones derivada de los cambios normativos12.
Los resultados coinciden en señalar que la reforma del año 2011, si bien avanzó en la sostenibilidad financiera del sistema, no era por sí misma suficiente para garantizar su equilibrio a largo plazo13.
Sin embargo, la introducción del factor de sostenibilidad y del nuevo índice de revalorización habrían revertido en buena medida esta situación, de modo que se habría avanzado sustancialmente en lograr el equilibrio financiero del sistema a largo plazo, abordando el impacto que el progresivo envejecimiento de la población tendrá sobre el sistema público de pensiones. El mecanismo de ajuste se produce principalmente a través de la pensión media14.
La reforma supone un cambio estructural de calado sobre el sistema de pensiones, ya que la evolución de las prestaciones queda ligada a la capacidad del sistema para generar ingresos, de manera que se mitigan sustancialmente los riesgos de insostenibilidad que puedan generar escenarios macroeconómicos y demográficos adversos.
El nuevo sistema puede, no obstante, aumentar la incertidumbre sobre la evolución futura de las pensiones, por lo que su instrumentación debe realizarse con la mayor transparencia posible, con objeto de dotar a la población de la información necesaria sobre su pensión futura y permitir a los individuos tomar decisiones óptimas de ahorro durante su vida laboral para afrontar el período de jubilación.
En este sentido, la reforma establece varios mecanismos en pos de esta transparencia. Por un lado, se publicarán los valores relativos a la esperanza de vida, informando a los pensionistas sobre el efecto del factor de sostenibilidad en el cálculo de su pensión. Además, se difundirán anualmente los componentes que intervienen en el cálculo del índice de revalorización.
Por otra parte, sería conveniente desarrollar mecanismos que incentiven el ahorro para la jubilación, de forma que permitan complementar en el futuro las pensiones públicas financiadas mediante el sistema de reparto.


 
fuente: http://lacartadelabolsa.com/leer/articulo/pensiones_camino_del_crash._proyectela_usted_mismo._la_bolsa_puede_ser_una

La insostenibilidad de las pensiones

No, no es un error, estas líneas no van sobre si es sostenible, o no, el actual sistema de pensiones, sino para exponer los motivos por los que no es sostenible; si en España ni en ninguna parte.
Euskadi es un muy buen ejemplo para muchas cosas, para hablar sobre pensiones también, por varias razones: es un territorio pequeño, con una población bastante estable en cuanto a su número, con una renta media elevada y, por tanto, con una pensión media también elevada. Y a la vez es un territorio que lleva en transformación en cuanto a la estructura de su PIB desde los 1980s.
Antes un apunte para centrar el tema y para recordar conceptos. Las pensiones de jubilación en su estructura actual fueron implementadas en Europa en los 1950s (donde se hizo, en España, no) partiendo de tres premisas: 1) un esperanza de vida de 65 años, 2) demanda de trabajo constantemente al alza que garantizaba el pleno empleo del factor trabajo y, de rebote, un desempleo estructural prácticamente nulo, y 3) salarios crecientes, lo que se traducía en ingresos crecientes al sistema de pensiones. Ninguna de esas tres premisas se dan ahora. (Había una cuarta premisa no económica ¿o sí?: personas protegidas sanitariamente, con ayudas públicas y en la jubilación tenderían a portarse bien en un escenario de Guerra Fría: al fin y al cabo esa protección la iban a financiar ellas con sus impuestos. Esa premisa tampoco se da ahora).
La esperanza de vida está, en España, en los 80 años, 84 para las mujeres; en gran medida esa mayor esperanza de vida se ha obtenido gracias a una calidad sanitaria al alza, pero eso a la vez presiona el presupuesto sanitario (lo que no sucedía en los 50). La demanda de trabajo es decreciente porque cada vez se precisa de menos factor trabajo para producir lo que sea en las cantidades que sean, algo que va a continuar; luego las cotizaciones sociales medias se están reduciendo y tienden a reducirse más. Como consecuencia de ello la demanda de trabajo tiende a menos teniendo en cuenta que la oferta de trabajo no decrece, por lo que los salarios se ven presionados a la baja doblemente, y de ahí los pagos por cotizaciones sociales. Por ello un mayor envejecimiento de la población no es importante ni una mayor emigración  solucionaría absolutamente nada ya que, o esos inmigrantes no encontrarían trabajo o lo encontrarían a base desplazar a los nativos al aceptar salarios menores lo que incidiría en menores ingresos por cotizaciones sociales.
Pienso que la esperanza de vida caerá a medida que vayan generalizándose y aumentando los recortes en el modelo de protección social: lo sucedido en Rusia tras la desaparición de la URSS es un buen ejemplo, ello reducirá el gasto total anual a pagar en pensiones, pero desde luego no compensará la disminución de ingresos por menores cotizaciones tanto en número: más paro intermitente y más desempleo estructural, como en cuantía: menores salarios medios. Y nada compensará la caída ininterrumpida en la demanda de trabajo debido a los Nuevos Métodos de Manufactura.
España lo tiene peor que otros porque tiene 46 M de habitantes, un desempleo mayor, un componente de empleo bastante estacional, un paro estructural que ya es elevado, un desempleo juvenil elevadísimo, una estructura de PIB sustentada en el medio y bajo valor lo que supone un salario medio bajo lo que se traduce en bajas cotizaciones sociales, … ; por lo que cuando dentro de entre 3,5 y 4 años la caja de reserva de las pensiones se acabe …
Las pensiones de jubilación fueron diseñadas con arreglo a unas premisas que ahora no se dan y que menos aún van a darse en el futuro; y encima no son necesarias desde una perspectiva geopolítica. Ni tan siquiera son ya interesantes los pensionistas en términos electorales: todo lo importante ya se decide en instancias que se hallan fuera y por encima de los Gobiernos.
No, las pensiones no son sostenibles en su forma actual, ni en Euskadi ni en ningún país. Habrá que ir pensando en fórmulas alternativas.
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

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