lunes, 5 de diciembre de 2016

Sr. Draghi, por favor, no líe al personal.

Cuando se quieren liar las cosas se lían. Para aumentar la productividad hay que, 1) aumentar la inversión y 2) introducir mejoras organizativas que saquen el máximo jugo a esa inversión.
Hoy, no en 1960, aumento de productividad muy bien puede significar descenso de la producción: si en 100 horas de trabajo se obtienen 1.000 unidades y en un período siguiente en 10 horas de trabajo se obtienen 500 unidades, la productividad se dispara de 10 a 50 pero la producción cae; los costes unitarios se reducen y la competitividad aumenta, hundiéndose, además, los stocks y los costes financieros de sostenerlos.
El desempleo estructural no va a descender, al revés aumentará a medida que la productividad aumente porque tal aumento supone –supondrá– una caída de la demanda de trabajo. Tiene que ver con la tecnología, claro, pero también con la capacidad de consumo: menor demanda de trabajo, menores salarios, menor capacidad fiscal, menores ingresos públicos, menor capacidad de consumo tanto público como privado.


La tasa de desempleo, juvenil o no, no compromete la productividad porque una cosa no tiene nada que ver con la otra si cambia el escenario, que es lo que sucede en el devenir histórico. En los 60 la productividad era elevada, el desempleo –el verdadero, no el surgido del invento NAIRU– casi nulo, y la producción máxima; la competitividad era secundaria porque la demanda era casi infinita, por lo que el problema lo tenía la oferta. Hoy la productividad está en el centro de todo porque la competitividad es esencial ya que existe un tremendo exceso de oferta, y sólo se es competitivo teniendo una alta productividad; en consecuencia el desempleo es secundario ya que todo consistirá en adaptar oferta a demanda y fabricar bajo pedido, y mejor aún de forma personalizada y a medida, lo que se logra con inversión.
Y los jóvenes y los no jóvenes a verlas venir subempleados y precarizados.
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

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