jueves, 24 de noviembre de 2016

Rumores y realidades

Hace unos días me pasaron un rumor en relación a algo que supuestamente estaba sucediendo en los estados USA fronterizos con México y le escribí un mail a una amiga mexicana que reside en el DF:
“Me han comentado que en los estados USA limítrofes con México están deteniendo a personas con aspecto de latinos, independientemente de que sean inmigrantes legales o no. ¿Sabes algo de esto?”.
Su respuesta fue:
“No. Pero adivina qué me pasó hoy aquí en México: hoy en el tren ligero (una especie de metro) venía un señor mayor, americano, con un aparato de sordera. Me subí y él estaba sostenido del tuvo que está por el techo, es decir por encima y hacia que tuviera doblado el brazo. Conforme avanzaba sentía que me pegaba y pensé que era por el movimiento. Le dije que me estaba lastimando y me contestó que no le importaba. Para su mala suerte, el vagón estaba en silencio y no había mucha gente. Lo sacaron a empujones. Me quedé impresionada, un americano en México queriendo agredir por agredir, está fuera de todo orden. No me dio miedo pero me dio mucha tristeza. No lo sentí como algo personal, sentí que fui la que se puso cerca y que quien hubiera estado ahí lo hubiera padecido. Yo no tengo aspecto de mexicana típica, puedo pasar por N nacionalidades. Le hablé en inglés y su español tenía mucho acento, seguro estoy más preparada que él, y seguro hablo más idiomas que él. Salieron los racistas del clóset”.
A lo que yo le respondí:
“¡Alucinante! Lo que dices es como volver a la época colonial. ¿Te pareció que tenía alguna minusvalía mental? Cuando te contestó que no le importaba, ¿previamente le habías hablado en inglés?”.
Y ella me dijo:
“No, llegué y me puse a su lado y empezó a fastidiar con el codo. Cuando me di cuenta que no era accidental, o producto del movimiento pero que lo hacía con ganas de fastidiar le dije que parara y me contestó en español pero con mucho acento ‘No me importa si te golpea’. Entonces le contesté en inglés que le exigía que parara, que esas no eran formas adultas de convivir en sociedad. No se veía tonto, los describí porque alguien pensaría que la edad y la sordera aunque sea parcial te sensibilizan. Pero no. Parecía lo que se vio: un racista fortalecido desde la ignorancia. Supongo que ellos ya piensan que como hablan mal de nosotros aquí lo vamos a aguantar. No era ni tarde, ni estaba lleno, vaya, no había forma de ir enojado por el servicio o por el día. Me quedé impresionada. Si creo que se vienen momentos incómodos”.
En el mismo mail me comentó lo siguiente:
“En la oficina soy, hasta el momento, la única que ya pensó en el próximo año. Como que no ven que pueden subir los costos, y al menos que decidas renunciar, aquí no hay aumentos hasta bien entrado el próximo año. Y para entonces falta un montón, así que buena parte del año, con el dólar como se ponga, con liberación de precios de gasolina, todos tendríamos el mismo sueldo. No entiendo cómo no lo piensan, aunque sinceramente, aunque no lo piensen no me hacen sentir que estoy mensa (equivale a ‘mema’) por comprar todo desde ahora. Y si siguen la ley, por contrato, quienes tenemos tiempo completo no podemos trabajar para nadie más, o sea que lo que ganamos es lo que hay, y eso se puede hacer polvo en nada”.
Quiero pensar –deseo pensar– que nada malo se va a derivar de la elección como presidente de Mr. Trump y que el personaje de nombre Donald Trump, que en la campaña ha actuado de la manera que hemos visto, va a desaparecer de la realidad sin esperar al día 20 de Enero; y seguro que va a ser así porque USA no puede permitirse con el resto del mundo otra cosa; pero ¿qué va a suceder con quienes en su imaginario tienen otra idea e interpreten que se ha pasado a una nueva situación? Pienso que a USA le conviene mucho vigilar estos extremos.
En otro orden de cosas lo que dice la segunda parte del mail de mi amiga. La incertidumbre es de lo peor que puede dar en economía, máxime si esa incertidumbre afecta a una economía con los contrastes y las carencias de la mexicana, entre ellas la dependencia.
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

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