domingo, 20 de noviembre de 2016

Las pensiones en España (aunque no sólo)

Empecemos por el final: el problema de las pensiones, en todas partes, pero en España muchísimo más, reside en que los ingresos del sistema son menores que los gastos del mismo, pero al revés de lo que dijo el Gobierno anterior y supongo seguirá diciendo el actual, el culpable de tal cosa no son los gastos, de hecho el gasto social en España representa el 15,8% del PIB mientras que la media europea se halla en el 17,2%. El culpable son unos ingresos insuficientes para hacer frente a los gastos.
Los ingresos. En el presupuesto que se elaboró en el 2015 para el 2016 se presupuestó que los ingresos de la Seguridad Social crecerían el 6,7%, sin embargo el crecimiento de los ingresos en el 2016 está siendo del 2,8%. Insuficientes a todas luces para hacer frente a unos gastos que están creciendo al 3,3%, razón por la que este año se espera un déficit en las pensiones de 15 mM€ y de 19 mM€ el próximo.

¿Cómo se arregla eso? Pues en los últimos cinco años recurriendo al fondo de reserva  de la Seguridad Social, la 'hucha', que en el 2011 alcanzó su máximo: 67 mM€. Pero ese fondo ha ido mermando; de hecho, si la tendencia se mantiene, acabará este año con 13,5 mM€ y caerá en el 2017 a -2,7 mM€, de tal modo que si no se producen inyecciones de fondos en el sistema los pensionistas se van a quedar sin paga extra en la Navidad del 2017 y nunca la van a recuperar, porque las pagas extras se han estado pagando con ese fondo de reserva. No hay ni política ni ideología en eso, ninguna a pesar de que se ha dicho que la hay; tan sólo son números.
Y, ¿no se ha hecho nada para mitigar / solucionar esta situación? Pues si. En el 2010 se introdujo la primera reforma de las pensiones al endurecerse los requisitos de acceso al cobro de una pensión; en el 2012 se introdujeron dos fórmulas para calcular el incremento que anualmente experimentarían las pensiones en función de los ingresos del sistema y de la evolución demográfica; a eso hay que añadir que durante un montón de tiempo se lleva gestando la sorpresa morrocotuda que van a encontrarse las pensiones máximas cuando sus perceptores tengan que percibirlas ya que se están revalorizando menos de lo que las bases están aumentando, lo que puede suponer pérdidas de hasta el 40% en el 2050 (si es que el actual sistema de pensiones continúa entonces operativo).
Bien, la pregunta es obvia: ¿por qué se ha llegado a esa situación donde los ingresos son insuficientes si se llegó a crear un fondo de reserva con los superávits que el sistema iba teniendo?. Fundamentalmente por tres razones:
1) Por el tremendo desempleo que hay en España. (Para alcanzar auténtica consciencia del nivel de desempleo que hay hoy en España sólo hay que recordar lo que dijo recientemente el presidente de la República Francesa en relación a la tasa de desempleo de Francia: dijo que era 'horrible'; pues bien, el de España prácticamente lo duplica).
2) Por el enorme nivel de empleo temporal, y de subempleo, existente en España lo que supone unos muy bajos niveles salariales. Simplemente piénsese que sobre una población asalariada de 16 M de personas, 3,7 M tienen una remuneración de 300 € o menos y 5,8 M la tienen inferior al salario mínimo interprofesional. En consecuencia, ¿qué ingresos pueden salir de unas bases de cotización que corresponden a unos salarios como esos?
Y hay una razón 3), pero permanece oculta ya que se halla en los entresijos del sistema productivo español: la competitividad de España no está basada en lo que hoy debe sustentarse una competitividad moderna y potente: la productividad, sino en que los costes laborales sean los más bajos posibles. La productividad de la economía española se halla lejos de las economías más competitivas, tan solo es preciso meditar en el hecho de que cuanto mejor iba España menor era su productividad; y cuando España ha dejado de ir bien, la competitividad que ha impulsado las exportaciones ha estado causada por los bajos salarios, la precariedad y el subempleo; y esa es la tercera razón: para que aumenten los ingresos de la Seguridad Social por cotizaciones es preciso aumentos salariales, pero si eso sucede la competitividad de las empresas españolas decrecerá.
La conclusión de todo esto es que si no se realiza algún tipo de corrección en la operativa del actual sistema de pensiones, con las bases que conocemos y con los importes que conocemos, este es pura y simplemente insostenible.

Bien, llegados a este punto, ¿qué puede hacerse?. Las posibilidades, aunque no lo parezca, son variadas. De entrada, y con carácter general pienso que debería realizarse una auditoría integral en relación a si se está gastando de forma eficiente los ingresos que en España se obtienen por cualquier tipo de figura fiscal o recaudatoria, es decir, si se gasta bien lo que se ingresa, y pienso que debería encomendarse esa tarea a un organismo que en España tiene poder absoluto (otra cosa es que hoy lo utilice): el Tribunal de Cuentas.  Pienso que este análisis podría aportar una muy útil información.
Por el lado operativo, por un lado podría eliminarse el fundamento sobre el que se sostiene nuestro sistema de pensiones que es el vigente en la mayoría de los países que cuentan con un sistema de pensiones: el reparto basado en la solidaridad intergeneracional de tal modo que las generaciones que en un momento dado están activas y ocupadas pagan con sus cotizaciones las pensiones de las generaciones que en ese momento las están percibiendo. Eso podría cambiar y pasar a un sistema de capitalización con una parte fija y otra variable en virtud de lo que cada cual percibiría una pensión en función de lo que ha aportado y en función de la marcha de los mercados y del buen saber hacer del fondo o fondos en los que haya confiado.
Por otro podrían sacarse de la Seguridad Social las pensiones no contributivas -viudedad y orfandad fundamentalmente- (unos 23 mM€) y pasarlas a presupuestos generales y financiarlas con impuestos.
Por otro más, hacer tender el actual sistema, que es de carácter contributivo a uno asistencial aproximando las pensiones a un punto medio teórico independientemente de las bases por las que se haya cotizado.
Por otro más aún, crear un impuesto específico, o un recargo sobre un impuesto ya existente. para 'la financiación de las pensiones' e inyectar lo recaudado en la caja general de la Seguridad Social de tal modo que la financiación pasase a ser mixta: cotizaciones e impuestos.
Finalmente, adecuando las pensiones a los ingresos obtenidos en cada momento, bien tomando para el cálculo de la pensión la totalidad de la vida laboral de una persona, bien recortando un porcentaje cada año a fin de adecuar gastos en pensiones a ingresos por cotizaciones sociales.
La primera posibilidad: transitar a un sistema de capitalización la obviaremos tanto porque en Europa nadie la defiende como porque sería -ya lo es- de entrada rechazada por la mayoría de la población a la que se explicase en detalle lo que ha sucediendo en Chile, país que sí cuenta con un sistema de capitalización: la pensión media ha caído en términos reales considerando un horizonte de largo plazo. Hoy por hoy, un sistema de capitalización tan sólo es contemplable desde una posibilidad de colapso inminente del sistema de pensiones, algo que no es previsible.
La segunda no resuelve el problema, tan sólo lo dilata en el tiempo. Liberada la Seguridad Social en esos 23 mM€ tendría un superávit temporal, pero el problema pasaría a presupuestos generales: España tendría que 'encontrar' un 2,2% de su PIB cada año -y con tendencia al alza- para hacer frente a esas pensiones no contributivas, ello en un entorno en que España ha firmado, junto con sus socios de la UE, unos compromisos presupuestarios con Bruselas: alcanzar un déficit del 0,0% el 31 de Diciembre del 2020. Este mismo razonamiento es aplicable a la siguiente opción apuntada: crear un impuesto dedicado exclusivamente a la financiación de las pensiones, impuesto que se sumaría a la presión fiscal actualmente existente en España que aunque es cierto que es menor que la de gran parte de los países europeos, recae en gran medida sobre los salarios.
El convertir el actual sistema contributivo en uno asistencial no parece que fuese a ser aceptado por la inmensa mayoría de las personas que han estado cotizando con el convencimiento de que percibirían como pensión un importe en línea con lo cotizado, máxime teniendo en cuenta que bastantes de los actuales pensionistas y muchos de quienes ahora se están jubilando han tenido contratos indefinidos a tiempo completo con salarios que durante años han estado indexados a la inflación. Pasar a un sistema asistencial sería una medida que tendría que ser impuesta de forma coercitiva.
La última de las posibilidades, en las condiciones actuales, parece la más lógica, máxime teniendo en cuenta cómo se espera va a evolucionar la demanda de trabajo, los salarios y la automatización de múltiples actividades, con el impacto que todo ello tendrá sobre los ingresos del sistema de pensiones.
Llegados a aquí, la pregunta debería ser: ¿y el ahorro personal y familiar, qué papel juega en esta historia?. El ahorro va a ocupar un lugar central en el futuro de los pensionistas, fundamentalmente complementando unos importes que a todas luces van a ser insuficientes para mantener el nivel de vida previó a la jubilación.
El gran problema, el enorme problema de España radica en la baja o muy baja capacidad de ahorro preventivo del español medio ya que la mayoría de españoles se ha dedicado a ahorrar en ladrillo lo que ha dado lugar a unas deudas familiares enormes en muchos casos impagables, en muchísimos con plazos de pago que llegarán a la vejez, y en no-se-sabe-cuántos en los que no podrá hacer frente a sus compromisos si el mercado de trabajo evoluciona hacia una mayor precarización.
En España la capacidad media de ahorro no es baja si se tiene en cuenta el sacrificio que la población es capaz de hacer para obtener aquello que le interesa, pero en España la población en general ha considerado que su renta tras su jubilación -una jubilación que en muchísimos casos era esperada y deseada- iba a ser cubierta por una pensión que estaba en función de lo cotizado, y nunca consideró ni por lo más remoto que eso pudiera ser de otra manera. ¿Los planes de pensiones? Fundamentalmente su rentabilidad ha sido y aún es, aunque cada vez menos, fiscal.
Mi sugerencia es que, a no ser que cuenten con un patrimonio suficiente para cubrir sus expectativas, tras su jubilación, si su salud se lo permite y sus profesiones les satisfacen, no se jubilen, continúen trabajando porque la alternativa pienso será, en innumerables casos, una pérdida significativa de su poder adquisitivo. Muy significativa.
Mientras estaba escribiendo estás líneas he recibido un mail de un lector. Por su interés y por su relación con el tema lo reproduzco.
"Buenos días. Ya le escribí en otra ocasión. Soy un español residente en Hamburgo. Esta vez quería comentarle una pequeña anécdota. El otro día pasé junto a un salón de juegos cerca de casa y vi este anuncio (adjunto foto) en la puerta. Es una oferta de empleo para despachar en el establecimiento, la particularidad en este caso es eso de “gerne Rentnerin oder Rentner” que significa algo así como “también aceptamos jubilados/as”. Ver este tipo de carteles en negocios pequeños es muy habitual (como en España, antiguamente) pero nunca había visto la mención a los jubilados, a pesar de que también es muy frecuente ver mujeres y hombres mayores trabajando de cajeras o taxistas. Así están las cosas, también en la locomotora de Europa".
La foto:


(Tal vez se pregunten cuál es mi opinión respecto a cómo pienso que evolucionarán las pensiones. Pienso que a corto plazo se implementará un impuesto para inyectar fondos en la caja de la Seguridad Social, pero esa será una salida transitoria que no arreglará la falta de ingresos contributivos porque el mercado de trabajo se irá degradando progresivamente a medida que el modelo económico vaya profundizando en la Industria 4.0. Y cuando la situación pase a ser insostenible comenzarán los recortes a la vez que se establecerá una pensión mínima cuyo importe podría coincidir con el de la renta básica. En ese escenario será casi imperativo continuar trabajando ya que la pensión mínima cubrirá tan sólo el mínimo vital. Las grandes corporaciones, cuya influencia, pienso, crecerá en un entorno oligopolizado, establecerán planes de pensiones para sus empleadas/os esenciales que esas mismas compañías administrarán ya que realizarán funciones bancarias, a la vez que pueden contribuir a esa pensión mínima en las zonas donde tengan una mayor presencia. Un escenario radicalmente diferente al que hemos estado habituados).
(Casi me olvidaba. Está empezando a decirse que existe otra opción para ‘solucionar’ el problema de las pensiones. ¿Imaginan cuál es? Pue es … ¡emitir deuda pública!. Y se justifica: como la deuda de España es querida –porque España paga como un clavo sus intereses: 30 mM al año–, pues ya está: se emite (más del billón que España ya tiene) deuda pública y se complementan así los ingresos de la Seguridad Social, y a correr. Si esa ha de ser ‘la solución’ pienso que las cosas están francamente peor de lo que se dice y mucho peor aún van a estarlo).
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

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