viernes, 15 de enero de 2016

El precio de las cosas y más

¿Cuánto costaba una prenda de ropa hace 40 años y cuánto, en dinero constante ahora? Hoy muchísimo menos. Y ¿cómo se ha conseguido bajar el precio de venta –de compra–? Pues a base de tecnología, bien con nuevos materiales, bien aumentando la productividad a fin de reducir costes, bien mejorando la organización. Pero el uso de esa tecnología puede tener consecuencias no deseadas y no estimadas cuando se puso en marcha.http://elpais.com/elpais/2015/12/30/ciencia/1451472277_280896.html
‘Antes’ la mayoría de los tejidos eran de calidad porque tenían que durar y porque los armarios eran infinitamente más reducidos que ahora. Las rentas eran menores y las capacidades de endeudamiento marginales y reservadas a personas y entidades concretas para casos y cosas concretas. Cierto: antes el PIB era muchisísimo más reducido que hoy.


Luego llegó la tecnología masiva orientada a reducir costes de producción, la deslocalización a entornos más baratos con normas laborales ‘más laxas’ y menos ‘cuidadosos’ con el medio ambiente, y la utilización de materiales más sofisticados cuyos impactos futuros eran una incógnita. Y los precios de las cosas bajaron, y el consumo aumentó, y los beneficios de las compañías crecieron, y la recaudación fiscal fue superior, y las seguridades sociales ingresaron más, y sí, los salarios subieron muy poco y el subempleo se fue disparando, pero a todo bicho viviente le concedieron la capacidad de endeudamiento que quiso.
¿Cuánto duraba un abrigo en los años 60? ¿Quién comía pollo o merluza hace 50 años? ¿Quiénes iban a esquiar a St Moritz hace 40?. ¿A qué estamento social estaban asociadas marcas de automóvil como Audi, BMW o Jaguar unas décadas atrás? Yo fijé mi residencia en Vilassar de Mar en 1979, olvidémonos de antes y contemos a partir de entonces: en 1979 cuando se salía a la calle en Vilassar se olía a flores, a claveles; hoy las flores vienen de Colombia y lo que se huele es al tubo de escape de los automóviles de los ocupantes de las viviendas construidas en los campos donde se cultivaban los claveles. Pero el PIB de Vilassar de Mar ha aumentado y los claveles, en dinero constante, han bajado de precio.
Este sistema económico-social en el que nos movemos ha estado basado en el ir-a-más porque el ir-a-más era su razón de ser. Y sí, está bien que la ropa de abrigo haya bajado mucho de precio y también lo está que no sea necesario que las personas tengan que acarrear con su prenda de abrigo diez años, pero en demasiados casos ese ‘está bien’ se ha conseguido a base de cosas como las que cuenta el texto referenciado, cosas de cuyas consecuencias, en la inmensa mayoría de los casos, no se tiene ni la más remota idea.
Lo que cuenta la noticia, el que en Vilassar de Mar no se huela a flores al salir a la calle, es consecuencia de las consecuencias de cómo se entendió una cosa llamada ‘progreso’. Renegar de él es absurdo, primer porque ya es pasado, segundo porque el estándar medio de vida ha mejorado mucho, pero se desconoce casi todo sobre el coste que tal mejora está teniendo y va a tener.
¿Detener el crecimiento? Imposible: no es humano hacerlo porque el humano-siempre-quiere-más. ¿Reducir drásticamente los estándares de vida? Posible implantando dictaduras de facto que monitoricen a la mayoría de la población. ¿Disminuir los niveles de consumo a cotas sostenibles? Realizable con una población concienciada, pero eso es tan largo … Y eso es para mañana, pero los efectos de las microfibras que ya están dando vueltas por los mares ya están aquí y como no sea a base de tecnología van a ser irresolubles (una tecnología cuyos efectos tampoco se conocerán si es que llega a ponerse en marcha).
No sé, tal vez cambiarse de abrigo cada temporada, esquiar en St Moritz, comer merluza, conducir un vehículo BMW u oler a flores en los lugares de residencia, sea tan sólo para una élite, una minoría muy minoritaria, y el fallo –conceptual, no económico– estuvo en dar acceso a ello a todo aquel que quiso. Igual es que cambiarse de abrigo cada año tiene que estar reservado para una minoría muy minoría y el resto tenemos que seguir por lo menos una década con el mismo abrigo.
E igual el que la desigualdad se esté disparando es una prueba de que estamos yendo a eso.
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

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