martes, 17 de noviembre de 2015

Una salida

Hace unos días recibí un mail de un lector.
“Acabo de leer su artículo del día de hoy, titulado "CV"  , y que ha publicado en La carta de la Bolsa. Comparto su diagnóstico sobre la situación de ese lector que le escribe: es una persona normal, sin trabajo y sin contactos, y con una familia pobre que no puede apoyarle en lo económico, por lo que en estos momentos se hallaría dentro de ese tercer tercio de la sociedad de los tres tercios que usted preconiza.
No obstante quisiera brevemente exponerle una salida que está al alcance de este chico de 36 años, que no tiene deudas y aún dispone de unos euros ahorrados. Para ello le explicaré mi situación personal, también brevemente: Soy licenciado (nombre de una titulación universitaria). Sin contactos. Con una familia que tampoco podía ayudarme a encontrar trabajo en su momento. Hoy en día sería también carne de cañón de ese tercer tercio del que usted habla.


Con 28 años, y en 1997 me encontraba en una situación parecida a la de su lector y,  tras analizarla llegué a la conclusión de que mi salida estaba en la función pública. Oposité -lo hice sistemáticamente, seriamente- y lo conseguí en la tercera ocasión que me presenté.
No soy funcionario de grupo A. Busqué entrar en la administración (nombre de un Ministerio) lo antes posible y me salió bien la apuesta. Sin duda no hay puestos de trabajo para toda la población desempleada y subempleada de este país. No le expongo una solución general, pero si particular para este chico al que su entorno le dice que tiene que hacer "lo que sea". No hay muchas soluciones más en este momento para conseguir un empleo digno y estable. Sin duda, trabajar en la administración pública equivale a vivir en un oasis en medio del desierto hoy en día. No deja de ser una anomalía dentro del mercado laboral que padecemos en la actualidad.
Por supuesto que la competencia para conseguirlo es atroz. Pero dispone de mucho tiempo libre para acometer esa empresa y créame, si se hacen las cosas bien, al final las oposiciones se aprueban”.
Mi respuesta fue:
“Lo que Ud. plantea tiene mucho sentido, mucho, la pega se halla en el momento. Cierto es que en 1997 la tasa de desempleo en España era enorme: 20,7%, no lejos de la actual, pero la diferencia viene dada por las expectativas.
El conjunto de medidas que integran la Ley del Suelo que desencadenó el boom de la construcción y base del ‘España va bien’, se aprobó a caballo de los años 1997 y 1998 lo que puso en marcha un proceso imparable de aumento dle PIB y de reducción del desempleo financiado por deuda privada alimentada por fondos excedentes procedentes de la Europa Central como Ud. bien sabe.
Las contrataciones públicas en el Estado, a nivel regional y en los entes locales crecieron, bien en forma de plazas de funcionarios, bien de contratados. Nada de eso sucede ahora (el aumento de empleo público habido este año pienso que ha sido excepcional y que ha estado alimentado por los procesos electorales del 2015); de hecho en el 2016 España se enfrenta a una reducción de déficit de 10 mM.
El método que Ud. apunta es correcto porque se basa en escoger una carrera profesional en un entorno que siempre precisará de empleados, pero tanto el número como su renovación por jubilación dependen mucho de las circunstancias”.
Las circunstancias.
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

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