miércoles, 4 de noviembre de 2015

Polémica


Plantea una pregunta que se deriva de una situación que aquí hemos comentado en numerosas ocasiones: ¿por qué a pesar de haberse inyectado anfetas a mansalva en el sistema y a pesar de continuar inyectándose no ha vuelto la ‘plena prosperidad’?. Con la exactitud que le caracteriza el profesor Delong pasa revista a cuatro posturas / teorías. Y con toda la lógica del mundo acaba en Keynes. Me permito un par de comentarios.


1) La plena prosperidad no ha vuelto porque esta crisis que estamos viviendo es absolutamente diferente a cualquier otra que nunca jamás se haya vivido. Es sistémica, sí, como otras, pero en esta crisis se han dado tres circunstancias que nunca se habían dado: una tecnología que aumenta la productividad y que crecientemente abarata bienes y servicios; un consumo en el que la base era el endeudamiento permanente; un entorno internacional en que la comunicación-de-todo ha borrado las fronteras y sin embargo se sigue pensando en modo nacional con políticas nacionales y con medidas de ámbito nacional.
2) Realizar quitas en las deudas para retornar a la prosperidad y no hacer nada más sólo hubiese retrasado el problema porque se hubiese vuelto a algo que se ha visto que no funcionaba, de ahí la crisis. Ir por ese lado supone ver la actual realidad como una de aquellas crisis agrarias que hasta finales del siglo XVIII azotaban a amplias zonas del planeta y que remitían cuando las cosechas volvían a ser óptimas. Hoy nada hará volver a ‘lo de antes’ porque lo que lo posibilitó: el desperdicio de recursos y el endeudamiento creciente, son vías agotadas.
3) Hoy la inflación sólo sube cuando a) existe demanda , b) cuando esa demanda es superior a la oferta. La productividad en aumento está haciendo que los precios se hundan, y el desempleo y subempleo crecientes están derrumbando la capacidad de consumo por caídas en las rentas y por las dificultades para acceder al crédito por parte de esos parados y subempleados.
4) La Depresión también fue una crisis sistémica, estructuralmente son la misma cosa: el agotamiento del modelo precedente, pero las diferencias entre aquella y esta son enormes. Entonces no había límite a las expectativas y lo único que había que hacer era ocupar a factores productivos que no estaban siendo empleados; hoy hay factores productivos ociosos, lo que sucede es que no son necesarios y los que lo son su necesidad cada vez va a ser menor. Hay también otra diferencia: entre la Depresión y la Era Dorada hubo una guerra mundial y luego se tuvo que vivir durante 50 años permanentemente enganchados a una Guerra Fría.
Es que salir de una crisis sistémica es complicado.
Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. IQS School of Management. Universidad Ramon Llull.

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