martes, 8 de octubre de 2013

¿Realmente se entiende cómo funciona la especulación?

Este fin de semana comentaba en una cena con otros analistas la problemática que existe en EE.UU. con los créditos estudiantiles, que según muchos especialistas, es la próxima burbuja a estallar. De este tema inicial, pasamos a discutir sobre las últimas burbujas financieras, y a criticar la masiva contribución de los mercados a estos procesos tan dañinos. Y es ahí donde disiento.
En mi opinión, las burbujas financieras, al menos en algún caso, no se crean por la intervención generalizada y decisiva de los participantes en un mercado actuando con una homogénea irracionalidad, sino por el efecto que unos pocos con gran poder de compra, producen de forma interesada en el precio de algunos activos.
La diferencia de las dos posturas es creer que la irracionalidad del inversor crea las burbujas, o que por el contrario, están creadas de forma muy racional e interesada, por un pequeño grupo de inversores cualificados, y que una vez ya desarrolladas, es la gran generalidad la que interviene, y la que normalmente sale perjudicada.
Quizás no haya habido en la historia una burbuja más famosa que la de los Tulipanes en Holanda a mediados del siglo XVII. Son muchos los estudios sobre las causas de esta burbuja, y en la mayoría de ellos hay cierta sintonía en que no todo el mercado se comportó con irracionalidad. De hecho, parece que fueron sólo unos pocos los causantes de esta subida de precios en los tulipanes.
Los analistas de The Economist hablan en un reciente artículo sobre este hecho. Señalan que en 1630, un marinero fue arrojado a una cárcel holandesa por comer lo que él creía una cebolla, y que resultó ser un bulbo de tulipán. El coste de la gula del marinero era equivalente al coste de la alimentación de toda la tripulación durante doce meses.
Esta historia probablemente no sea cierta, ninguna persona sensata dejaría algo tan valioso al alcance de un marinero hambriento. Pero al igual que en la burbuja de los Tulipanes, en la historia se desdibuja la línea entre la realidad y la ficción.
The Economist añade: La burbuja de los tulipanes dio lugar a grandes aumentos en sus precios. A principios de 1637, algunos contratos de tulipán llegaron a cotizar a un nivel alrededor de 20 veces superior al nivel de tres meses antes. Un tulipán particularmente raro, el Semper Augustus tenía un precio de 1.000 florines en la década de 1620. Justo antes del crash, este tulipán se valoraba en 5.500 florines por bulbo, más o menos el coste de una casa de lujo en Ámsterdam. Los precios se precipitaron en 1637, y algunos inversores se quedaron en bancarrota.
Las fluctuaciones en los precios no fueran causadas por cambios masivos en los costos de producción. Tampoco  se volvieron particularmente útiles. La mayoría de gente asume que la “Tulipmanía”, como se la llegó a conocer tras la obra de Charles Mackay, fue causada por la irracionalidad del mercado financiero.
¿Pero que produjo esta irracionalidad? Peter Garber culpa al público en general por la subida de precios. Se calcula que un brote de peste bubónica asoló Ámsterdam en esas fechas, y provocó que la gente tuviera menos aversión al riesgo. Los habitantes de la ciudad sabían que cada día podía ser el último, por lo que no importaba especular un poco.
Pero realmente, los datos muestran que la mayoría de los inversores actuaron racionalmente. Las fuertes subidas de precios y el crash posterior, fueron debidas a factores autónomos, y fruto de escasos operadores informales y amorales. Los inversores serios no participaron en estos movimientos.
Earl Thompson, ex miembro de UCLA, calcula que el mercado de los tulipanes fue una respuesta eficaz a las cambiantes regulaciones financieras, en particular, a la conversión anticipada del gobierno de los contratos de futuros en contratos de opciones. Este truco fue ideado por los funcionarios del gobierno, quienes estaban deseosos de hacer dinero rápido en el comercio del tulipán.
Lo que sucedió con estos cambios regulatorios es que los inversores que adquirieron el derecho a comprar tulipanes ya no estaban obligados a comprarlos. Si el precio del mercado no era lo suficientemente alto, podían pagar una pequeña multa y cancelar el contrato. El equilibrio entre riesgo y recompensa en el mercado fue sesgado masivamente a favor de los inversores. El resultado fue un enorme e inevitable aumento de los precios de las opciones de los tulipanes (el precio de las opciones se derrumbó cuando el gobierno recuperó el sentido común y canceló los contratos). A partir de ese derrumbe, los precios de los tulipanes se ajustaban según la oferta y la demanda, y tenían baja volatilidad.
Es fácil decir que las burbujas son irracionales. Parecen representar una desviación de los precios de los valores fundamentales y que contradicen la teoría económica básica. Pero ha habido pocos intentos de entender cómo funciona realmente la especulación.
Como señalaba al principio del artículo, creo que muchas de las burbujas financieras que el consenso estima fruto de un comportamiento irracional de la masa, son debidas a movimientos orquestados y dirigidos. Lo cual, es una explicación aún más aterradora.

lacartadelabolsa

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