jueves, 21 de julio de 2011

¡¡¡¡Contagio!!!!

Hoy es La Cumbre, vale, ¿…y?. ¿Qué demonios se va a acordar si: 1) ninguno de los que se van a reunir puede pagar todo lo que debe y 2) una quita del más peor de todos: Grecia, del 50%, aplaza, pospone, pero no soluciona nada: tampoco puede pagar eso. No hay plan, pero sí contagio: “Greek Crisis Poses Serious Contagion Risk Even Without Default, IMF Says” ( aquí).

Dice el FMI que la UE no tiene un plan para afrontar la crisis. Han descubierto la pólvora: ¡claro que no!, ni ellos tampoco para resolver el follón monetario que de momento se ha calmado: le han recetado mucho Diacepán: ‘la guerra de las divisas’ de finales del año pasado y de la que, de momento no se habla. Tampoco lo tiene USA para resolver su trinomio: el D-3: deuda-déficit-dólar (me preguntan si USA puede suspender pagos, pues pienso que sí, no como Grecia (o como España), evidentemente, pero si puede llegar a una suspensión de pagos encubierta: ‘Oye, aquello que tengo que pagarte mañana me lo pasas al año que viene, ¿vale?’; ¿que se va a desvalorizar la deuda que ya ha vendido y otros han comprado?, bueno, es lo que hay, a eso se le llama riesgo, ¿no?).

No hay un plan, nadie tiene un plan porque no hay manual, ¿recuerdan?: el que se está usando ya no sirve porque no responde a las nuevas preguntas, y el nuevo manual se está escribiendo ahora: en 1930 también se había quedado obsoleto el manual y tampoco tenían uno nuevo: empezó a escribirse en 1933; en eso llevamos ventaja: algunas páginas del nuevo ya están escritas, pero falta, falta.

En lo que, pienso, se equivoca el FMI es en lo del contagio: ¡pero si ya está todo contagiado!: ¡si eso es la era postglobal en la que estamos viviendo!. En el momento en que se posibilitó que alguien en medio del Sahel pudiera adquirir futuros sobre el maíz en la bolsa de Hong Kong y asegurarlos en el Pupupú Bank, empezó el contagio; lo que sucede es que los humanos nos apuntamos a lo bueno pero siempre intentamos salir corriendo cuando eso bueno se torna malo. Cuando ‘el contagio’ supuso cotizaciones bursátiles crecientes, beneficios rampantes, bonus hollywoodenses y posibilitó cambiarse el Carrera 4 cada año, ¡bendito ‘contagio’!; ahora que los problemas se extienden como una mancha de brea debido a que aquello se agotó, ¡maldito contagio!. Curioso.

En el siglo XIV era imposible que sucediese algo parecido a lo que está pasando ahora: los reinos eran cajas estancas y sus relaciones escasas, tensas y a menudo problemáticas, pero claro, el crecimiento económico era prácticamente nulo, las hambres habituales, y la esperanza de vida no superaba los 25 años. Hoy nada de aquello sucede (al menos en una parte del planeta) pero a cambio hemos creado el Efecto Mariposa, y lo que sucede en un punto de aquí es transmitido a todo el entorno a través de una-especie-de-flujo que denominamos ‘lo financiero’, porque claro, el truco que hoy tenemos, un truco verdaderamente mágico, es que algunos papeles impresos se reconozcan en todas partes y valgan igual en todas partes, más aún, que unas cositas que aparecen en una pantalla puedan aparecer a la vez en muchas pantallas separadas entre sí miles de Kms., unas cositas que no tienen masa pero si valor. ¡Demasiao!.

En el siglo XIV tenían que ir cargados con monedas a todas partes. Claro que un comerciante veneciano podía cambiar sus monedas -de oro o plata- en París: el oro y la plata pesaban igual en todas partes, pero la limitación era evidente, aunque, eso sí, a no ser que el comerciante del ejemplo hubiese limado las monedas, no había contagio (monetario-financiero) alguno; hoy el contagio es instantáneo: en el momento que alguien dice un OK a través de un móvil vía satélite, en el mismo instante en que alguien pulsa el enter de un laptop mientras está sentado en un autobús en Quito, cuando alguien cruza una mirada con otro alguien en el andén de la línea del metro de La Defense.

Viene a reflexionar el FMI que cada uno va a la suya: ¡se extraña!. Dice que es necesaria la unión, pero él ha sido especialista en sembrar vientos y en bendecir Consensos que generaban tempestades. Por ejemplo, afirma que nadie debe impagar su deuda, pero no asume que lo cierto es que prácticamente nadie puede pagar todo lo que debe, y si lo que se debe no puede pagarse eso que se debe no vale nada, o casi nada. Se trata de mantener una ficción y a la vez que se pretende que todo sigue igual: si cerramos los ojos y decimos que el monstruo no existe el monstruo no existirá, sin embargo el monstruo lleva tiempo aquí.

(El plan de los 600mil: formar a esa cantidad de jóvenes sin estudios para que encuentren ocupación. No entiendo; si están desocupados jóvenes que están formados, ¿cómo debe entenderse esto?, ¿que por arte de birlibirloque se va a crear demanda de trabajo de jóvenes si se les forma?. Claro que la medida tiene su utilidad: mientras se les forma salen de las listas de desempleados por lo que la tasa de paro desciende: igual que antes: cuando un joven iba a la mili dejaba de estar parado (¿estará alguien considerando reintroducir el servicio militar?). Claro que el tema tiene otra lectura: de hacerse aumentará la oferta de trabajo cualificado, con lo que los salarios decrecerán: ¿reforma laboral bis?).

(Sobre la situación de Castilla-la Mancha pienso que debería introducirse en la ecuación un factor al que nadie, absolutamente nadie, se ha referido hasta ahora: la región tiene, según los datos referidos al 2006 (que han sido los únicos publicados) un superávit fiscal interregional del 3,54%. ¿Por qué nadie ha mentado este dato?).

Santiago Niño-Becerra. Catedrático de Estructura Económica. Facultad de Economía IQS. Universidad Ramon Llull.

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